Diario de León

EL MIRADOR

El modelo de Estado del PSOE

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ANTONIO CASADO
León

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EL DOCUMENTO definitivo verá la luz en el próximo Comité Federal que se celebrará el viernes 5 de septiembre pero los anticipos permiten hacerse una idea sobre el modelo de Estado que el Partido Socislita va a poner sobre la mesa en vísperas de la tramitación parlamentaria vasca del Plan Ibarretxe y las elecciones autonómicas en Madrid y Cataluña. Nada menos que el modelo de Estado. Solemne y pertinaz recurso de Aznar para buscar la tibia de José Lusi Rodríguez Zapatero cada vez que Odón Elorza o Pasqual Maragall abren la boca, como si el alcalde de San Sebastián o el aspirante a presidir la Generalitat de Cataluña fueran las únicas medidas de la idea de España que habita en la cabeza del secretario general o en los programas electorales de los socialistas. Para empezar, el modelo de Estado del Partido Socialista, tal y como figura y figuró siempre en dichos programas, es el que diseña la Constitución en su título VIII (bajo el epígrafe «Estado de las autonomías»). José María Aznar y el Partido Popular lo saben perfectamente pero como si oyeran llover (por cierto, sobre mojado). A partir de ahí se proponen ciertas modificaciones para mejorarlo y no para sustituirlo o alterarlo, si tienen el poder democrático para hacerlo. ¿Qué hay de malo en ello? Nada, es democrático y constitucional, aunque pueda discutirse si es oportuno. Por tanto, resulta inaceptable que las propuestas reformistas del Partido Socilista sobre la organización del poder autonómico sea piedra de escándalo para el Gobierno, hasta el punto de que el propio José María Aznar ha llegado a caracterizar a Rodríguez Zapatero como «un riesgo para España». Qué barbaridad. No hay ruptura del modelo sino acomodación al mismo en estas propuestas, cuya filosofía es mejorar la capacidad de autobierno en las Comunidades. Se agrupan en dos grandes líneas de actuación: La primera es la reforma del Senado para que realmente sea lo que la Constitución quiere que sea (una Cámara de representación territorial), según una propuesta del propio Partido Popular ya retirada de sus programas electorales. Cierto que supone reformar la Constitución según mecanismos tasados en el propio texto constitucional. La segunda incluye una serie de iniciativas encaminadas a reforzar la cooperación entre comunidades autónomas y entre éstas y la Administración central, así como la participación de las mismas a la hora de formar criterios ante la Unión Europea. ¿Dónde está el peligro o la heterodoxia? Asunto bien distinto es que sea o no el momento oportuno de afrontar estas modificaciones en pleno desafío rupturista del nacionalismo vasco. Eso se puede discutir. Pero no a pedradas como las que continuamente lanza el Partido Popular contra los socialistas como si éstos estuvieran preparando una oscura conspiración para ponerlo todo patas arriba, según dijo José María Aznar el otro día en Palma. Y es que para hablar del modelo de Estado de José Luis Rodríguez Zapatero el presidente no se toma vacaciones.

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