EL RINCÓN
Tribuna de pobres
ESTÁ CLARO que el Papa quiere morir con las sandalias puestas. Las sandalias de aquel pescador llamado Pedro, de gran duración. Es difícil no conmoverse, al margen de creencias y descreimientos, al ver a este heróico anciano herido cumpliendo su misión hasta el final. Los cardenales acaban de desearle que la continúe «durante muchos años» y dicen que durante el concierto celebrado en su homenaje, con motivo del XXV aniversario de su pontificado, tenía «buen aspecto». Para eso son príncipes de la Iglesia: para no ver que el rey está desnudo. A los demás mortales nos aflige un defecto óptico que nos hace ver la realidad. La televisión nos está ofreciendo en directo una agonía. Es discutible que sea de buen gusto hacerlo, pero la grandeza del protagonista es indudable. Se afirma que la ceremonia de ayer era la mayor en la historia de Roma. Se beatificaba a la madre Teresa de Calcuta, que escogió un camino difícil para llegar a los altares, adonde también puede accederse por senderos menos cómodos. Los designios de Dios son inexcrutables y tampoco son fáciles de escrutar los de los acomodadores. Durante medio siglo, la madre Teresa, antes Gonxha Agnes Bojaxhiu, estuvo rodeada de pobres, que en la India no son personas que no se conforman con lo que no tienen. Allí se resignan. En representación de millones y millones de desheredados llegaron 3.000 para ocupar las primeras filas de la plaza de San Pedro. Después comieron en el Vaticano. Siente 3.000 pobres a su mesa. El peligro en estos casos es que no se quieran levantar, pero en aste concreto caso es que puedan morir de asombro. ¿Cómo mirarán esas escuálidas y harapientas criaturas las suntuosas estancias? Los que hemos estado en la India y en el Vaticano no podemos imaginar un contraste mayor. A Juan Pablo II le hubiese gustado saltarse el trámite intermedio de la beatificación y celebrar directamente la canonización de la madre Teresa, cuyo culto es ya mundial. De momento, en las tiendas de los alrededores, las estampitas con su imagen se venden como rosquillas.