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MANUEL ALCÁNTARA
León

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LOS QUE tenemos la sangre roja, que al parecer somos mayoría, estamos contentos. El príncipe Felipe no continuará la tradición de la monarquía española y se casará con una plebeya, que el diccionario define como perteneciente a la plebe, en su primera acepción, y en la segunda como persona que no es noble ni hidalga. A quienes sólo creemos en la aristocracia del talento y del trabajo nos parece muy bien la decisión del Príncipe Felipe, que Dios guarde, de casarse con Letizia Ortiz, a la que también debe guardar Dios. Una plebeya inteligente y trabajadora, que además es periodista, o sea que tiene la obligación de estar en el mundo. En éste, no en el del pasado. No lo estaban los más acreditados cotillas de la llamada prensa del corazón, que abarca a la tele. Donde estaban era en la inopia. Los centenares de detectives que husmean vidas ajenas se ocupaban preferentemente de la ejemplar familia Pajares, del maromo cubano de Sarita Montiel o del Cachuli. ¿No es divertido? Se enteran de todo menos de lo que de verdad interesa a los españoles. Siempre he creído que los secretos mejor guardados son entre una sola persona. Este lo compartían dos y debemos tener un alto concepto de la discreción de ambos: la han demostrado. Por otra parte, mejor dicho, por todas, hay opiniones muy diversas. Se ha recordado que la prometida de don Felipe es divorciada y que en cierta ocasión el Rey le dijo al Príncipe: «¡Que nadie pueda decir que ha dormido con la reina!». Claro que la solución es fácil: callárselo. Lo que sí ha logrado la sorprendente noticia es que no se hable de otra cosa, ni siquiera de que el primer gol de Ronaldo al Athletic pudo estar precedido de una falta. Hay opiniones para todos los gustos. En el bar, que es donde se oyen más cosas, había un borracho que gritaba ¡Viva la República! Y otro, que no tenía ni menos copas ni menos voz, que gritaba ¡Viva la Reina!, no sin aclarar después que se refería a doña Sofía. Lo único que no se presta a interpretaciones es que el Príncipe ha hecho lo que le ha dado la real gana.

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