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FEDERICO ABASCAL
León

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«NUESTRA PRESENCIA en Irak tiene sentido», dijo Aznar un día después del asesinato de siete agentes españoles del CNI a 30 kilómetros de Bagdad. Ahora bien, cuánto sentido tiene esa presencia, es decir, si ese sentido es igual, menor o mayor que el que tendría nuestra ausencia, es asunto que debería dilucidarse hoy en el debate parlamentario convocado, por deseo del presidente del Gobierno, con inmediatez y urgencia. Será un debate con los ánimos a media asta. El contingente militar español en Irak ya no ejerce estrictamente tareas humanitarias, como antes de la caída de Sadam Huseín, sino de colaboración con los ejércitos ocupantes. Lo cual ya se sabía y se desprende de las declaraciones que ayer realizó Mariano Rajoy y, un día antes, el mismo Aznar. Ha protestado la oposición de izquierda, PSOE e IU, por la coincidencia del debate parlamentario con el día de luto oficial decretado por la muerte de los siete agentes españoles. La protesta carece, sin embargo, de razón, pues el dolor político y social no anula la claridad de juicio. Las argumentación oficial ha sido endeble y, en algunos aspectos, falaz, como al insistir en la existencia de unas armas de destrucción masiva que Sadam había hecho desaparecer. En la supuesta realidad de esas armas, y en las relaciones incomprobadas de Irak con el terrorismo de Al Quaeda se justificó la invasión del país iraquí. De ese argumento se ha pasado al de la lucha contra el terrorismo internacional, más consistente dada la resistencia progresiva que hostiga y daña a los ejércitos ocupantes. Esa resistencia estaría sirviendo de caldo de cultivo al poder terrorista del fundamentalismo/fanatismo islámico, en el que Al Quaeda es una marca de fábrica. Abandonar ahora Irak no parece la decisión más sensata, al menos desde un punto de vista político, y el mismo Aznar dice que «es el peor de los caminos posibles». Pero esta tarde debería aclarar el Congreso qué otros caminos, aunque no sean mejores que la retirada, podrían estudiarse. El error en las previsiones del P entágono y de la Casa Blanca exige que la posguerra iraquí, o guerra continuada, inspire una serie de correcciones a la ocupación militar, por ejemplo, la de devolver a la ONU la responsabilidad de la que fue tal vez irresponsablemente despojada.

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