Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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CUANDO el éxito de un proyecto es importante para un futuro colectivo, no sólo para la persona que lo pergeña, la idoneidad para el cargo ha de venir respaldada por dos currículos: el profesional y el humano. Sin hacer de menos a los otros candidatos, José Ignacio Lagartos, inminente nuevo director general de Caja España, es brillante en esos dos aspectos. La economía no es sólo balance, también ha de ser balanza, es decir, humanismo.   Esta entidad tiene unas características,  las que marcan su sentido fundacional, que hacen indispensable que los equipos estén coordinados por los mejores capitanes, y los tiene excelentes. Y si bien nadie es mejor o peor economista por ser leonés, sí es cierto que hay circunstancias biográficas que redundan en el beneficio de un pueblo, incluso aceptando que Caja España es un gran proyecto comunitario y nacional. Lagartos atesora una brillantísima carrera que él siempre ha deseado que pudiera repercutir un día en el beneficio de León y de la comunidad. Y junto a ella, aporta su máster en humanidad. En cierta ocasión le pregunté si por las alturas financieras abundaban los hombres de hierro, y me contestó: «en las alturas financieras, como tú dices, abundan mayoritariamente quienes saben trabajar en equipo, porque no se pueden sacar adelante estrategias importantes sin saber escuchar, sin estar muy capacitado para las relaciones humanas». Nieto Nafría  en la reciente entrega de los premios de investigación ahondó con emocionantes y emocionadas palabras en el marchamo diferencial, en ese «algo» que distingue a la caja de otras ofertas. Mejorar sin perder la esencia.  Por sus dos currículos, el profesional y el humano,  el nuevo director general puede conseguir que ello sea posible.  He trabajado en muchos proyectos con esta entidad, sé que es mucho más que un logo, tiene la impronta de lo nuestro, de lo profundamente leonés. Caja España nació aquí, como Lagartos.

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