EN BLANCO
Buenos propósitos
AUNQUE nunca es bueno tener demasiadas expectativas, el inevitable ritual del cambio de calendario nos lleva a escribir una vez más el listado de ilusiones y buenos propósitos que, supuestamente, marcará el año que tenemos por delante. Llegados a este punto la cabeza se nos llena de tópicos sobre distintos planes de saneamiento y autorrealización, con el dejar de fumar y aprender inglés en los primeros puestos del hit parade. Normalmente se trata de puras fantastiquerías que caen por su propio peso bajo el cielo implacable de la realidad, y más en un mundo donde los problemas fundamentales en la vida de muchas personas se reducen a tres: el desayuno, la comida y la cena. Pero bueno, ya que seguimos inmersos en la bautizada como economía del despilfarro, resulta todo un ejercicio filosófico repasar el catálogo de sueños e ilusiones que esperan cumplir algunos de nuestros famosos en este 2004 que da sus primeros pasos. Aparte de ciertas invenciones que son un puro disparate, como el anhelo de Iñaki Gabilondo por dirigir la Filarmónica de Berlín, o la máquina del tiempo que le gustaría a Javier Gurruchaga para moverse al estilo del hombre invisible por las distintas épocas históricas, la mayoría de las peticiones se pierden por los cerros de Úbeda de la ostentación y el derroche. Así proliferan las vueltas al mundo en velero o el viaje espacial que pide la modelo Judith Mascó. Lo más curioso, por imposible, es el buen propósito que mueve a una de esas trotacalles que infectan las cadenas televisivas con sus penurias vaginales, centrado en leer un libro por primera vez en su vida. Y lo dice tan tranquila, exhibiendo con la mejor sonrisa su alma de ninfa brincando por los bosques de la inocencia. Yo no aspiro a tanto, me conformo con el eterno ruego de mi abuelo: San Pancracio, salud y trabajo.