EN BLANCO
Caracoles
ES QUE no fallan. Todos los años dando la nota. Como este ya no les da para estirar lo de la guerra, ahora van y se sacan el anuncio de los caracoles. Sale un niño jugando al béisbol que imita malamente un acento extranjero -que, por cierto, no es angloamericano sino hispanoestadounidense- y entonces... ¡la Virgen!... aparece Resines. Si es que no dan una, los pobres. No se dan cuenta de que Resines no es la solución sino el problema. Ya me veo hordas de españoles bajando espeluznados al video club de la esquina después del anuncio de marras a pillar la última de Woody Allen o de Julia Roberts o El Señor de los Anillos o hasta una película china -Dios me perdone- para quitarse el mal sabor de boca y de córtex cerebral que nos deja la caverna progre. Ponen en la tele la presentación de la campaña a favor del cine español y, en efecto, allí está la plana mayor de la casposísima-comedieta-patria-subvencionada-de-obligada-escena-de-polvo -pseudoporno-para-petit-escándalo-de-pequeñoburgueses-bienpensantes-y- tacos-a-malsalva. Sólo les quedaba gritar Otan-no-Bases-fuera como en aquellos felices domingos ¡ay! ya tan lejanos. Joer. Pagamos con nuestros impuestos sus películas y encima quieren que vayamos a verlas. Y pagando otra vez. Y van, y para defender la idiosincrasia patria, van y sacan en sus anuncios los más resobados tópicos setentayochistas y ochentayochistas de los que -¡caracoles, enteraos!- huye despavorida esta España que les ignora. Y es que somos todos unos ignorantes alienados, que ya lo predijo Marx, que llegaría el día en que no sabríamos apreciar esta cultura gloriosa de nuestra vanguardia que nos precede en el arte y en la luz del conocimiento. Si es que no se nos puede dejar solos. Menos mal que quedan los Bardem para mantener viva la llama.