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JOSÉ CAVERO
León

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INSISTEN las encuestas electorales, a poco más de un mes de las urnas, en situarnos en un escenario de casi mayoría absoluta. La roza el PP, con una ventaja que no cesa, incluso se incrementa, con relación al PSOE de Zapatero-González, Maragall y Carod, Ibarra y Bono, todos ellos, demasiado a menudo, elementos para el estupor. ¿Es buena o indeseable, la mayoría absoluta? Según les ha ido en ella: Josu Jon Imaz lo tiene clarísimo, y proclama que «la mayoría absoluta del PP ha sido nefasta». En cambio, el presidente de Fomento del Trabajo Nacional y aspirante a suceder a José María Cuevas en la CEOE, Joan Rosell también tiene claras las ventajas de «la estabilidad que Pujol dio a Cataluña y España». Sin embargo, cuando se han hecho análisis de los ocho años de Aznar, se diferencian con bastante precisión los dos períodos: el de la mayoría simple y el de la mayoría absoluta. Es cierto que en la primera Aznar estuvo pendiente de lo que los nacionalistas vascos y catalanes reclamaban a cambio de su apoyo. Eran árbitros casi supremos de la situación. En la legislatura que acabamos de terminar, en cambio, el PP de Aznar, o Aznar con su PP de mayoría absoluta, ha hecho cuanto le ha venido en gana, incluso en contra de la mayoría de la población del país, como es el caso de la guerra de Irak, su alineación con Bush, la mala relación con el resto de la Unión Europea y otras cuestiones nada secundarias. Pero, eso sí, no ha tenido que pagar «diezmos y primicias» a los nacionalistas catalanes por su apoyo siempre tasado. ¿Qué es preferible? En la ocasión que se aproxima es seguro que Rajoy no podrá echar mano de esos nacionalistas del norte, con bastante probabilidad. Convergencia no dispone de gobierno y el PNV se ha alejado tanto que es inimaginable alguna clase de acuerdo. Es decir, precisa Rajoy de la mayoría absoluta, por más que Zapatero ya le haya dado garantías de que no recurrirá a sumar todos los votos de los distintos nacionalismos si su adversario obtiene un voto más que él mismo, algo que en su propio partido suscita controversia y rechazo, seguramente porque se considera que es la única posibilidad que Zapatero tiene de acceder a la Moncloa en un plazo inmediato: el mes que viene.

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