EN BLANCO
El electorado
LOS RESPONSABLES del diseño y ejecución de las campañas electorales no pueden -o no deben- fiarse de las experiencias pasadas ni utilizar de modo rutinario métodos y mensajes ensayados con éxito en ocasiones anteriores. No existe una fórmula única, ni mágica, para realizar una buena campaña electoral porque no todos los electorados son iguales, sino que cambian, no sólo en el espacio sino también en el tiempo. Si el electorado español tuviese las mismas características que en el año 1977 seguiríamos gobernados por la UCD, pero desde entonces la verdad es que ha llovido mucho. Tal vez la naturaleza humana sea idéntica en todos los lugares y en todos los tiempos, pero hay matices que cambian y los que se refieren a la política suelen ser los más inestables. Es más, iniciada una campaña -o una precampaña- cualquier fallo en su desarrollo puede desbaratarla si no se logra articular una rápida y buena respuesta frente al contratiempo. Ni el Partido Popular ni el PSOE -ni tampoco los dos juntos- se dirigen al mismo segmento, sino a colectivos de personas distintas. Por ello, sus campañas electorales, sin renunciar a la autocrítica, deben arrancar de un conocimiento completo de su propio partido y de sus candidatos, que es el producto que deben vender; a continuación, es preciso también que traten de conocer la fuerza de sus adversarios, para medir el impacto de la competencia y, sobre todo, deben tener la finura suficiente para saber cuáles son las prioridades de sus electores potenciales. A partir de ahí entra en juego la técnica publicitaria para definir una oferta diferenciada y para comunicarla eficientemente.