AL TRASLUZ
Una maestra republicana
VOY a hablarles de una mujer excepcional. Guillermina Medrano, a quien su ciudad natal, Albacete, ha homenajeado este lunes. Tiene 91 años. Su nexo de unión con León es a través de Vela Zanetti, con quien mantuvo una intensa amistad durante cincuenta años. La Fundación del pintor recibió hace unos años en donación las cartas que éste le había escrito a lo largo de toda su vida. Fue la primera concejala del Ayuntamiento de Valencia, en 1936, y una entusiasta de aquellas corrientes pedagógicas que luego fueron devoradas por la ira. Cuando Azaña la miro de arriba a abajo, como a un bicho raro, ella le dio la espalda. Su labor como maestra fue distinguida por Harvard. Su marido, Rafael Supervía, fue otra gran figura del exilio. Medrano y Vela viajaron juntos en 1939 a la República Dominicana, dejando atrás la patria amada. Aquel viaje en barco fue una pesadilla, por la amenaza de los submarinos alemanes. Qué hermosa es la amistad forjada en las dificultades, que ni siquiera necesita de la presencia constante para que la llama permanezca encendida. En una de esas cartas le escribe al pintor:«Sí, fuimos como hermanos y así te siento yo todavía. Y es que los años duros unen y los felices se pierden en el tiempo (¿ ) pero seguimos viviendo y teniendo nuestro orgullo como bandera que nadie puede levantar tan alto como nuestra generación lo hizo». Y él a ella en otra: «Acepto una derrota política o militar, pero no quiero ser derrotado espiritualmente». Sigue mereciendo la pena escuchar las voces que se guían por el corazón y la conducta. Estuve en Albacete aplaudiendo a esta maestra republicana, homenajeada por el Centro de la Mujer. Y para felicitar a Antonio Selva, quien dedica los ratos libres que le deja su labor en Caja España a estudiar la guerra y el exilio. Estuve también en nombre de Vela, pues somos nuestra concepción de la amistad. Lloré un poco, pero como dice el mago Gandalf no todas las lágrimas son malas.