EL BALCÓN DEL PUEBLO
Debilitar al líder
LA CRISIS abierta en el Gobierno catalán por el comunicado de Eta, su incidencia en la campaña electoral española, el revuelo generalizado, el aprovechamiento político de una parte y la erosión de otra, se da por cerrada. Paqual Maragall aceptó la propuesta de ERC y ha nombrado un nuevo «conseller en cap». Carod Rovira, el mastuerzo que generó la «vendetta», no volverá al Ejecutivo. Pasqual Maragall aceptó la solución: «El problema está amortizado y resuelto». Por segunda vez, en pocas horas, el tripartito ha salvado las acometidas furiosas del Gobierno de la nación y del PP. José Luis Rodríguez Zapatero consideró satisfactoria la salida. Desaparece de la escena el gran bufón y se mantiene el tripartito. Por segunda vez, digo, la derecha española más reaccionaria ha conseguido abrir grietas en la estabilidad, cohesión y solidez del «Govern» catalán. Como era de esperar, el Gobierno central y el PP han considerado insuficiente la solución. El todavía presidente del Gobierno, José Mª Aznar, dijo que el cerrojazo dado a la crisis demuestra la «falta de liderazgo» de José Luis Rodríguez Zapatero. Ha calificado la solución como «una vergüenza». Su delfín y candidato a La Moncloa, Mariano Rajoy, en pura sintonía con el jefe, pidió a Zapatero que «mande un poquito en su partido» y rompa con Esquerra. La hipocresía política es casi un manual. El PP contempla el pacto del «tripartito» como la máxima demonización política. Viajo por la Red y leo asombrado que en Calella, un municipio de casi diez mil almas, gobierna el PP con apoyo de ERC. Mágico. La crisis provocada por ETA ha puesto altavoces al PP criticando la falta de liderazgo de Rodríguez Zapatero. Es el objetivo común. Y el menos real. Conozco como pocos la vida orgánica del PSOE. Y estoy en disposición de rotundizar que jamás ha estado el socialismo más cohesionado que en la actualidad. Ni siquiera cuando Felipe González era «don dios». Una cosa es la propaganda y otra la realidad. La propaganda popular, difundida con entusiasmo por sus correas mediáticas, asegura que Rodríguez Zapatero es como un guiñol al que manejan sus «barones». La realidad, sin embargo, tiene otra lectura. Por ejemplo, ésta: Ni un sólo miembro del Comité Federal le levanta la voz, y por primera vez en la historia del partido se aprobaron por unanimidad el programa y las listas electorales. Quienes visionan en José Luis Rodríguez Zapatero a un líder débil, cometen un gravísimo error. Zapatero es fiel a un principio: «Quien me eche un pulso, que se arriegue a ganarlo». Implícitamente se lo ha adelantado a Bono e Ibarra. «Ni ETA, ni nadie, puede condicionar un gobierno más allá de cuáles sean las intenciones de unos y otros». El PP se esfuerza en deteriorar la imagen de Rodríguez Zapatero. Pincha en hueso. Como Miguel Boyer, que ayer viajó por las nubes de la economía en el último cuarto de siglo. No fui a la cena por él, quiá, sino por Lorenzo García Blanco, un constructor al que tengo un respeto imponente. El CEL le homenajeó a sus 75 años, con cuatro décadas a cuestas como esforzado del ladrillo y del hormigón. Le impusieron el «Círculo de Oro». Todas sus geometrías son de oro.