Diario de León
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FERNANDO ALLER
León

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JOSÉ LUIS Rodríguez Zapatero tiene planteados dos retos fundamentales, de los cuales sin duda dependerá su trayectoria política después del 14-M: Impedir que el PP vuelva a obtener mayoría absoluta en España y ganar en León. Cuando el candidato leonés a la presidencia del Gobierno fue elegido secretario general del PSOE, hace más de tres años, nadie pensaba que los socialistas pudieran pretender mayor éxito que el de obligar al PP a pactos para conformar el futuro gobierno, el que ahora se dilucida. Después vendrían el hundimiento del Prestige y la Guerra de Irak, asuntos que llevaron a los socialistas a pensar que la remontada podía ser histórica. El humilde punto de partida comenzaba a ser olvidado. Renacía la esperanza perdida con tantos intentos como abortos por buscar al sustituto de Felipe González. No hace falta recordar que aquella euforia se trocó de nuevo en pesimismo con los varapalos que el PSOE ha sufrido en Madrid y Cataluña. En el primer caso por la existencia de dos traidores y en el segundo, en Barcelona, por la megalomanía de uno de los socios de gobierno de Maragall. Zapatero trata de sobreponerse a tanta adversidad y afirma que afronta la campaña con espíritu decidido y con la ambición de la victoria. En política todo es posible, pero de momento las encuestas no le sitúan directamente en La Moncloa. Zapatero necesita la victoria en León porque un compañero que sin duda no le quiere tanto y que desde hace tiempo sufre el mal de las alturas (en política este síndrome se traduce en dosis sobradas de soberbia), le recordó desde Extremadura (siempre escoltado desde la Presidencia de Castilla-La Mancha) que no podía ganar la vuelta ciclista a España quien no había ganado siquiera la carrera de su pueblo. Resulta evidente que con amigos como Ibarra dentro de su propio partido, no necesita demasiados enemigos. Pero al margen de la influencia de la acerada crítica del presidente extremeño, lo que sí resulta evidente es que ahora o nunca: Si el PSOE no cambia el día 14 el voto en León, no le caben esperanzas de hacerlo en el futuro. El reto es difícil. Las cifras de las elecciones generales del año 2000 son contundentes: El PP obtuvo 141.000 votos; el PSOE 97.000 y la UPL, 41.000. Con la hipótesis improbable de que los leonesistas pierdan 30.000 votos y que todos vayan a parar al PSOE, Zapatero aún necesitaría para ganar del trasvase de unos 8.000 votos procedentes de los populares. Ocurre, sin embargo, que en política lo difícil no es imposible. Al menos esto es lo que seguramente piensan en el PP si atendemos a dos hechos significativos: las peleas de los candidatos para no ocupar el puesto número tres de los cinco que conforman la candidatura al Congreso de los Diputados (el único que está en juego) y la atención especial que Mariano Rajoy ha dispensado a León en la confección del calendario de campaña. No es casualidad que Zapatero y Rajoy hayan decidido comenzar la campaña electoral en León, prácticamente pisándose los talones. El jueves el candidato popular protagonizó un mitin en el conservatorio de Música de la capital y por la tarde se desplazó a Ponferrada. Zapatero abrió campaña el viernes en el Palacio de los Deportes. Eso significa que ambos se la juegan en León. Hasta utilizan armas similares. Zapatero reivindica su pertenencia a esta tierra como garantía del mimo que le dispensará si obtiene la victoria. Rajoy recuerda su estancia en León durante diez años (con foto incluida de jugador de baloncesto en los Jesuitas) y su primer trabajo profesional en Villafranca del Bierzo. Ambos buscan llegar al corazón, allí donde las promesas más prosaicas o contables resultan menos efectivas. Con la misma orientación parecen dispuestos a trabajar los candidatos locales en apoyo a sus respectivos jefes de filas. Desde el PSOE el mensaje había sido adelantado hace unas semanas por el aspirante a ocupar un escaño en el Senado y alcalde de San Andrés, Miguel Martínez, quien ya dijo que hay que ser muy mal leonés para no votar a Zapatero. En la otra orilla, Juan Morano restó importancia a las cunas de los candidatos y aseguró que «nunca se vota a nadie por su lugar de origen». Mario Amilivia también criticó el empeño socialista de ligar el origen de Zapatero al voto en León. Tan ocupados están en la búsqueda del pedigrí, que hasta se olvidan de lo fundamental. El interrogante de la prometida Escuela de Pilotos sigue sin respuesta. Después de cuatro años, las palabras ya resultan insuficientes. La Eads anunciaba el pasado lunes que han comenzado a volar los dos primeros aviones Eurofither con pilotos entrenados en Getafe. Resulta evidente que existen instalaciones adecuadas ya fuera de León para la preparación de los pilotos, por más que desde el PP se intente restar importancia al asunto y se pretenda solapar y confundir la preparación técnica en tierra (mediante simuladores de vuelo) con las prácticas reales de los aparatos en vuelo. Resulta curioso que Mariano Rajoy no hiciera alusión a este asunto en León y que únicamente diera respuesta a la inquietud de los leoneses ya en Ponferrada, horas más tarde. Dijo Mariano Rajoy que asumía como personal el compromiso adquirido hace cuatro años por José María Aznar. Entonces se habló de tres mil empleos directos. Juan Morano, que restó importancia al olvido de Rajoy, ha anunciado que antes de las elecciones Federico Trillo viajará hasta León para informar de la marcha del proyecto y ha recordado el exalcalde que el protocolo firmado hace un año por Eads, la Sepi y el Ministerio de Defensa prevé inicialmente la creación de una escuela de mecánicos. Después, añaden, se hará la de pilotos. Resulta evidente que este asunto será uno de los fundamentales de la campaña electoral, como se puso de relieve ya en el mitin de Zapatero el pasado viernes ante enfervorizados seguidores. La política ha dejado otras noticias importantes esta semana. Cecilio Vallejo, mano derecha de Mario Amilivia y trabajador incansable desde su responsabilidad como concejal de urbanismo, arroja la toalla. Se va a la empresa privada. No estaba preparado este arquitecto, que en su día se hizo cargo del plan director de la Catedral, para sentarse en los bancos de la oposición. Le ha ocurrido lo mismo que al lanzador de peso, Manuel Martínez, quien con anterioridad había justificado su renuncia al cargo en la frustración que le producía no poder poner en marcha su programa para el deporte. Se quejaba de que el equipo de gobierno no tomaba en consideración sus sugerencias. Hay que reconocer, cuando menos, su ingenuidad. Cecilio Vallejo es consciente, sin embargo, de que las reglas del juego son estas y si arroja la toalla es porque ve fuerte el pacto que une en estos momentos a la UPL y al PSOE, circunstancia que aleja a los populares del gobierno que desean recuperar. Con Cecilio Vallejo fuera de la política, León se pierde no sólo a un trabajador incansable, sino a una persona que había puesto sin regatear sus conocimientos al servicio de León. Ahí están las obras realizadas en los últimos ocho años y que han cambiado la imagen de la ciudad. León está en deuda con él. Sin duda, cuando el tiempo transcurra, los ánimos políticos se calmen y se alcance la necesaria perspectiva, el recuerdo le rendirá el homenaje merecido.

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