Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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MÁS de 500 inmigrantes, nunca están bien contados y pueden ser algunos más o algunos menos, esperan en chabolas un trabajo en la fresa de Huelva. Esto les pasa no sólo por no tener papeles, sino por no tener dinero. Si lo tuvieran dejarían de ser inmigrantes, del mismo modo que los negros campeones del mundo de boxeo, a partir de conquistar el título, dejan de ser negros. «Andalucía Acoge», que no cabe duda que es un hermoso rótulo, no puede acoger a todos, pero hace lo que puede, que es siempre lo que le dejan hacer. De momento, lo que ha hecho es denunciar la situación inhumana de los campamentos en los que se resguardan. Lo peor de las tragedias es acostumbrarse a que las haya. En Palos, en Mazagón, en Moguer y en zonas de la costa hay subsaharianos que vinieron a ganarse el pan y a ganar nuestro postre. Quedarían incompletas las comidas nacionales si no llegaran en oleadas estas gentes que no comen en su país. Responsables de la ONG critican lo que ellos llaman «congelación de las medidas sociales», pero los empresarios aseguran que la campaña se desarrolla con normalidad absoluta. Se espera que dentro de unos días estén en la provincia onubense los más de 20.000 contratados. Son sin duda una gran aportación al turismo, que es nuestra mayor fuente de ingresos. Sólo que de esa fuente sólo mana sudor. Somos ya tan ricos en España que los nativos empezamos a desdeñar los trabajos incómodos. Hay pocos aspirantes a desarrollar su jornada laboral bajo un techo transparente de plástico reuniendo claveles o frutas delicadas. Hace mucho tiempo que Beltrand Russell estableció las dos formas de división del trabajo: la primera consiste en alterar las formas de las cosas sobre la superficie terrestre y, la segunda, en ordenar que eso lo hagan otros. Está demostrado que esta última es mucho más llevadera. El Gobierno estudia qué se puede hacer con tantos subsaharianos. Sabe que van a seguir llegando mientras aquí haya fresas y allí haya hambre.

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