EL BALCÓN DEL PUEBLO
El día más negro
UNA DENSA niebla se agarraba a las márgenes del río Torío. Eran casi las ocho de la mañana cuando me dirigía a mi puesto de trabajo en el campus de Vegazana. La radio me dejó clavado en el coche: acababa de producirse una oleada de atentados terroristas en Madrid. Desde el primer momento se habló de numerosos muertos. Poco a poco, la información fue dando cuerpo a la tragedia, hasta convertir el 11-M en la fecha más negra de la historia española y europea después de la II Guerra Mundial. Nueva York -Estados Unidos-, tenía su 11-S como el más bestial atentado de la historia de la Humanidad. A Madrid -toda España- también lo han vestido de negro un día 11, dos años y medio justos después, con el asesinato masivo de casi 200 personas y un millar de heridos. No es descabellado suponer que habrá más esquelas. Muchas más. Toda España ha reaccionado con muy alto grado de solidaridad, civismo y cariño hacia las víctimas y sus familias. Es lo transcendente. La campaña electoral ha echado el cerrojazo. Lo exigía el guión de lutos. Una tragedia semejante y crímenes tan brutales no dejan margen para otros sentimientos que la rabia, el desconsuelo y la repugnancia ante barbaridades que unos pocos imponen a muchos. No es posible tanto odio acumulado, tanta miseria en el alma para asesinar indiscriminadamente: a trabajadores, mujeres, niños, inmigrantes, autónomos, estudiantes y a todos los españoles. Porque en cada muerto estamos representados. ¿Qué cabe ante tanta degradación?. La respuesta firme, serena e inequívoca de las fuerzas políticas. Y la respuesta, también, cívica y solidaria de la sociedad. La democracia no puede sucumbir ante ataques tan feroces como el de ayer en Madrid. Mis vísceras me piden lo peor, pero la razón me impone estar con las víctimas, familiares, las Fuerzas de Seguridad del Estado y la democracia. La oleada sanguinaria ha sido terrible. Lo único que es inamovible es mi criterio de que debe permanecer la lucha contra el terrorismo, su persecución implacable y la aplicación de la ley. La paz no tiene precio. Ni la libertad. Tampoco la vida. El Gobierno ha pedido que hoy, a las siete de la tarde, en todas las ciudades de España se escenifique el rechazo al terror. Habrá manifestaciones grandiosas. Todos los partidos han cerrado filas con el Gobierno. No se mide el grado de eficiencia. Son plenamente conscientes de que mientras haya un sólo bárbaro dispuesto a asesinar, existe el riesgo de un cuadro dantesco como el sufrido ayer por toda España en Madrid. Los gobiernos de medio mundo han mostrado su solidaridad. Nosotros debemos devolvérsela al mundo acudiendo el domingo a las urnas. Nuestra voluntad es clara y nada, ni nadie, pueda cambiarla. Votar el domingo equivale al homenaje póstumo de las víctimas. Y a no hacerle el juego a los predicadores del terror.