Diario de León
Fernando Jáuregui

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CONOCIDO ya prácticamente en su totalidad, y salvo desajustes de última hora, el próximo Gobierno socialista, lo primero que salta a la vista es la general aceptación de los nombres que se barajan. De manera especial, el nombre de Pedro Solbes en Economía parece suponer una garantía para el mundo del dinero y, curiosamente, también para los sindicatos. No tan unánimes son los beneplácitos al próximo titular de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, cuyas «veleidades pro palestinas» han sido destacadas, con mejor o peor intención, en círculos próximos a Felipe González, lo que demuestra que no es el anterior mandatario socialista quien mueve los hilos. En nada se asemeja la forma en la que hemos conocido los nombres de los próximos ministros con la manera como se anunciaban los relevos durante la etapa de Aznar. Aquí ha habido una notable apertura informativa, mientras que Aznar disfrutaba manteniendo el secretismo. El problema es que acaso no se hayan guardado las formas de la manera más conveniente -que se sepa, al menos- y, así, lo más probable es que el propio Rey se haya enterado por la prensa de quiénes compondrán el nuevo Ejecutivo. Conozco el cuidado que ha tenido Zapatero hasta el momento a la hora de extremar la delicadeza en sus relaciones con el jefe del Estado. Me consta que ambos se aprecian y que su relación personal es mucho mejor de la que existe entre el Rey y Aznar. Igualmente puede comprenderse que Zapatero no haya sido capaz de controlar algunas filtraciones: era la primera vez. Pero que las listas cuasi definitivas de los próximos ministros estén en todos los periódicos antes que en el principal despacho de La Zarzuela no deja de ser un traspiés. Al que algunos sacarán, ya lo verán, una punta excesiva.

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