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ANTONIO NÚÑEZ
León

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DECÍA cuando la transición democrática el veterano líder comunista Santiago Carrillo que personalmente él estaba de acuerdo con reinstaurar la monarquía siempre que el rey fue el primer funcionario de la república. Ayer mismo se filtró también a los periódicos que la ponencia marco del 36º Congreso del PSOE aboga por el «republicanismo cívico» dentro de la Constitución. Y pasado mañana, como quien dice, se van a casar por la Iglesia el príncipe don Felipe y una colega divorciada. De lo que, como Einstein, uno deduce que todo es relativo. En estos días, cuando florece mayo, heladas aparte, conviene desintoxicarse de la política y atender a los asuntos que verdaderamente ocupan a las familias. Por ejemplo, las primeras comuniones, de las que nadie se libra en casa por menos de seis mil euros, según el restaurante de la esquina y El Corte Inglés. No pocas familias de divorciados tienen problemas este mes en el asunto de las primeras comuniones, que el señor obispo sólo autoriza para reales familias en parejas de segunda mano, lo mismo que las bodas y los bautizos (en el entierro civil da igual, porque pasas de todo). Una cadena de televisión proponía este fin de semana para el populacho divorcieta crear la figura de la primera comunión por lo civil, ceremonia que, a falta de párroco intransigente, lo mismo puede presidir un juez, un alcalde o el presidente de la comunidad de vecinos. Si acaso los niños, en vez de marineros con rosario o novias sieteañeras de blanco (espeluznante), irían de laico con un precioso mono azul, traje de ejecutivo y cartera los más pudientes y uniforme de cajera de Carrefour las niñas. Tiene razón la tele, porque, total, la familia va a quedar satisfecha de su empaque salga lo que salga después de Letizia, aunque el milllón de pesetas del convite no se lo va a quitar nadie. En cuanto a los coros, se les puede sustituír -con más gorgoritos- por Juanito Valderrama.

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