EL RINCÓN
Reciclaje humano
NADIE puede negar que el escorpión tiene una gran personalidad. Lo que no se sabe es si con un tratamiento adecuado puede modificar su conducta. Con las personas aún no se ha descubierto una terapia que haga posible un radical cambio de comportamiento. Contra las vocaciones fuertes no hay nada que hacer. ¿Será distinto ese chico de catorce años que violó y asesinó a una niña de su edad, cuando cumpla su condena? Cuatro años de internamiento en régimen cerrado pueden hacerle meditar, pero lo mismo sus reflexiones giran sobre los fallos que cometió para que la Guardia Civil le descubriera. ¿Es posible reciclar seres humanos? Dicen que hay algunos santos que llevaron una vida disipada antes de que los acomodadores del cielo les situaran en sus correspondientes hornacinas. Ahora Marruecos se propone un experimento interesante: el Ministerio de Justicia anuncia un programa para que dos mil detenidos por delitos de terrorismo corrijan su concepción del Islam. La preocupación por el crecimiento del extremismo religioso es cada vez mayor. Hay más células terroristas que alminares, pero desdichadamente el arrepentimiento no anula las acciones anteriores. No es sorprendente que se haya extendido el recelo hacia el otro, sobre todo si ese otro lleva turbante. El atentado de las Torres Gemelas cambió el mundo, pero lo cambió para peor. Luego vino lo de Casablanca y lo de Atocha. No es raro que veamos sospechosos por todas partes. Quizá tenga algo que ver con eso el dato que acaban de facilitar los funcionarios de Prisiones: los extranjeros son ya mayoría en nueve cárceles y su número total se eleva a 13.426. Nuestra acreditada hospitalidad cada vez alcanza a más gente. Quizá toda vida humana deba ser una empresa de rectificación interior, pero los escorpiones son incorregibles y a veces se disfrazan de personas. Incluso invocan a Dios. No sé en qué pared leí este grafiti: «Dios no ha muerto: está vivo, se encuentra bien y trabaja en un proyecto mucho menos ambicioso».