Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

Cecilio Vallejo, adiós a la política

Publicado por
JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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LAS CRISIS van por barrios. La ha sufrido el PSOE, con especial virulencia en El Bierzo, la padece en la actualidad la UPL y lleva con ella a cuestas muchos meses el PP. Los socialistas han acallado las voces disidentes gracias al resultado del 14-M. Hasta los cuatro jinetes del Consejo Comarcal se han reintegrado a la disciplina orgánica. Pero no todas. Hace una semana el senador Pepe Jiménez echó un pulso -y lo perdió- al también miembro de la Cámara Alta y secretario general del socialismo leonés, Miguel Martínez. Los leonesistas mantienen las navajas afiladas tras su congreso de Astorga y nadie puede garantizar que no estalle el polvorín. De hecho, ya está la mecha encendida, tanto al leer las declaraciones de Joaquín Otero, como las de Rodríguez de Francisco o Covadonga Soto. Y queda, por último, el PP. La división interna es grave. No sólo por la rebelión berciana, sino porque la metástasis se ha apoderado de la casi totalidad del cuerpo orgánico. Una crisis que ha movido a uno de los baluartes municipales en los últimos nueve años, Cecilio Vallejo, a arrojar la toalla. Se va. Casi asqueado, aunque es prudente, templado, y se tragará el sapo sin que salga de su boca el mínimo reproche. Cecilio Vallejo era portavoz del PP en el Ayuntamiento de León. En cierta medida, el símbolo de la eficacia. Tenía en su cabeza un proyecto de ciudad, se compartiera o no. Acabó enfrentado a José Mª López de Benito, alias Yiyo, por mantener absoluta lealtad a quien era corregidor, Mario Amilivia, y por último a éste porque su trayectoria oscurecía su futuro político. Sufrió, como se dice en política, la «operación sandwichs», quedando en fuera de juego. Iba para consejero de la Junta de Castilla y León y se retira de la pol ítica. Le han puesto tantas zancadillas que tenía imposible llegar a la meta. Cecilio Vallejo se preocupó siempre de navegar, no de llegar a puerto, por decirlo en metáfora de Fernando Pessoa. Al rescate de Cecilio Vallejo salió Javier García Prieto. El presidente de la Diputación sabe bien que Cecilio es una de las cabezas con muebles dentro del PP provincial. García Prieto está al margen de la desnaturalización política entre Yiyo y Amilivia. Ha valorado, tan sólo, la capacidad de gestión y por eso le ha ofrecido trabajar para Inmocaja, empresa inmobiliaria participada por Caja España. Supongo que es un retiro dorado, tanto de trabajo -se ajusta como guante a los dedos, pues es arquitecto- como de sueldo. Además de su despacho abierto, era la única salida que le quedaba a quien fuera auténtico mirlo blanco del PP leonés. Aunque venía cociéndose la decisión, sospeché su adiós al día siguiente de la última comparecencia pública -hace un par de días- en compañía de Saurina y de Arvizu. No abrió la boca. Hay silencios que dicen más que mil palabras. No sé si guardó silencio por propia voluntad o porque no le dejaron intervenir. El PP pierde a uno de los activos más cualificados que tenía en León. Cecilio Vallejo, aunque podría largar lo que no está escrito, se va tragándose el sapo. Su adiós a la política es como el de la hoja que se cae del árbol, cansada de tanto saludar al viento.

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