EN EL FILO
Eco del Gobierno o voz de la calle
EN PLENA GLORIA y esplendor del líder Zapatero se han continuado desarrollado los trabajos del Congreso que los socialistas concluirán este domingo. La aprobación con el cien por cien de los votos de la gestión de la Ejecutiva ha venido a demostrar la plena satisfacción de la militancia con el milagro conseguido por el líder: en cuatro años ha reconducido al poder al partido que se veía aún por largo tiempo en la travesía del desierto iniciada con el mal final del felipismo. Éste es un Congreso de abultada autocomplacencia, salta a la vista, y por ello es particularmente elogiable la voluntad expresada por el líder máximo para que sus seguidores sigan siendo, antes que ninguna otra cosa, la voz de la calle. Es decir, aún tiene eco el grito de «no nos falles, Zapatero» que el presidente del Gobierno y secretario general del partido escuchó en la noche del triunfo electoral. Y ni siquiera hay que descartar que, en apenas setenta días de ejercicio del poder, haya podido comenzar a defraudar a más de uno. Los gobiernos tienen la tendencia a justificar todo cuanto hacen y a considerarlo bueno y santo, justamente al revés que sucede con la oposición, obligada, por igual, a verlo todo inconveniente e inadmisible. Tienen parecido riesgo de hacer el ridículo Zapatero en el Gobierno y Rajoy en la tarea de oposición..., con la diferencias de que el primero dispone del Boletín Oficial y de los presupuestos generales para construir y atender demandas de los ciudadanos, y el segundo sólo tiene capacidad para disentir y discrepar sin mayor trascendencia que la de convencerse a sí mismo y a sus fieles con sus propios planteamientos. De ahí que es buena la recomendación que el funcionario de turno debía hacer de manera constante al emperador triunfante: recuerda que eres mortal. O lo que es lo mismo, que el militante de base siga siendo voz de la calle, y voz exigente y que no desfallezca de su tarea esencial. ¿Todo lo hacen bien José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo? Obviamente, no. Pero también es probable que esté fuera de tono el Rajoy en actitud de «dime lo que sea que me opongo». Ahora bien, es consciente Mariano Rajoy de que su propia travesía del desierto opositor apenas se ha iniciado, y que podría prolongarse más allá de lo que su impaciencia por volver al ejercicio del poder y del mando desearía. Zapatero le ha cogido pronto las dimensiones a sus ironías, sarcasmos y descalificaciones totales y Rajoy pudiera llegar a un punto de aburrimiento e impotencia mortales...