Diario de León
Publicado por
RAMÓN PI
León

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EMPIEZAN a aparecer testimonios de mujeres que abortaron y, desde entonces, su vida ya no ha podido ser la misma. Es lo que llaman el «síndrome post-aborto», que ahora aflora ante la opinión pública, aunque cientos de miles de mujeres lo experimentan en España desde hace tiempo. Pero ocurre con el aborto provocado que, por su misma naturaleza, parece reclamar un telón de silencio: la mujer que ha abortado, salvo muy raras excepciones, no quiere volver a oír hablar siquiera de aquel episodio de su vida, y de este sentimiento participan su familia, sus amigos, todos los que de uno u otro modo estuvieron implicados en el hecho. Por eso es noticia que ahora salgan a la luz testimonios, a veces recogidos en libros que, aunque vienen de fuera de España («Miriam, ¿por qué lloras?», Ed. Noticias Cristianas, está escrito por una estadounidense), relatan historias que se repiten en cualquier latitud. A veces, el síndrome post-aborto no se manifiesta hasta pasado algún tiempo, incluso algunos años. Un mal día, súbitamente, la mujer ve a una chiquilla jugando en un parque, y piensa que la hija a la que abortó tendría la misma edad. El dolor es intenso y duradero, y muchas veces dura toda la vida. En España ya se ha creado la Asociación de Víctimas del Aborto (AVA), que trata de dar apoyo a esas mujeres, y también a otras personas cuyas vidas Se han hundido como consecuencia del aborto practicado a una hija, a una nuera, a una nieta, a una amiga. Nadie aborta por gusto. Eso lo saben todos, y quienes más lo repiten son los más partidarios de las leyes abortistas. Por eso llama la atención que, además de las medidas preventivas (información correcta de en qué consiste un aborto, de sus consecuencias, ayudas materiales, psicológicas y económicas a las mujeres que piensan en abortar, etcétera), no hayan proliferado las organizaciones, públicas y privadas, dedicadas a tratar de reconstruir esas vidas rotas.

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