EN EL FILO
Esta última, maldita, semana de julio...
¿QUIÉN dijo que julio era un mes pacífico, antesala de la gran escapada agosteña? De eso, nada. Tradicionalmente, el mes de julio viene siendo en los últimos años una etapa bronca, llena de acontecimientos políticos. Y este año se va a cumplir el mismo ritual hasta el último momento. Porque hay que ver la semana que se nos viene encima: comisión 11-M, entrevistas autonómicas de Zapatero y, encima, el Consejo de Ministros de los Presupuestos, que tampoco será manco. Pero vamos por partes, que hay mucha tela que cortar. Por mucho que el presidente Zapatero se empeñase en quitarle hierro a la cosa en su comparecencia ante los medios en León el viernes, lo cierto es que la marcha de la comisión parlamentaria de investigación del 11-M no puede estar cargada de mayores tensiones. Ya se ha dicho en alguna ocasión que ha habido contactos entre los dos principales partidos -nunca se pierden los contactos, ni siquiera en las guerras- para tratar de amainar la tormenta. Inútilmente, hasta ahora. Y esta semana, en la que van a producirse las comparecencias 'políticas', y la estelar del ex ministro del Interior Ángel Acebes, seguramente la tensión alcanzará, si nadie lo remedia, sus cotas máximas. Veremos si como asignatura pendiente para septiembre queda la llamada a declarar a José María Aznar -zarandeado hasta extremos increíbles por propios y extraños- y a otras muchas personas que tal vez podrían aportar algo de luz a tantas cuestiones oscuras como tenemos planteadas aún en relación con aquella masacre. Pero, hasta ahora, esa luz no se ha hecho, y la comisión se ha desmandado en demasías verbales que poco bien han hecho a policías, servicios secretos, a la propia clase política y hasta a la institución parlamentaria. Bastante más podemos esperar de las entrevistas de Zapatero con los presidentes autonómicos. Y con Ibarretxe, este lunes, muy en particular. La ronda de encuentros del presidente en Moncloa con los responsables de las autonomías parece haber dado buenos frutos; entre otros, el fin de la incomunicación existente en la etapa anterior. Desde luego, la visita de Maragall y sus posteriores explicaciones a la opinión pública sirvieron para aclarar muchos conceptos, aunque algunos medios llegasen hasta a deformar lo que el 'president' de la Generalitat había dicho; son bastantes las tensiones ocultas entre el Gobierno central y el de Cataluña, pero hablar, poner las cartas sobre la mesa, siempre es mejor que dejar que las situaciones se pudran. Hay optimismo en La Moncloa en relación con esa entrevista con el lendakari. Claro que Ibarretxe va a pedir, pero también va a dar algo: no poner demasiado énfasis en su famoso «plan», con muchos matices soberanistas y que, al final, servirá de programa electoral del PNV en las próximas elecciones autonómicas vascas, allá por mayo. Por último, la semana y el mes políticos concluyen con la celebración, el 30, de un Consejo de Ministros en el que se darán a conocer las líneas maestras de unos Presupuestos para 2005 en los que se reconoce un cierto déficit. Habrá superávit el año siguiente, 2006, dice el realista Solbes, pero ahora no estamos ante una situación de déficit cero. Las tensiones con el PP, al que se culpa de haber dejado una herencia demasiado difícil, no han hecho más que comenzar: probablemente, en otoño los 'populares' inicien toda una ofensiva para reivindicar sus logros en economía. Pero también internamente, en el seno del propio Ejecutivo de Zapatero, existe un cierto malestar: sin duda, no es lo que presentará el viernes lo que a Solbes le hubiese gustado presentar. Y, claro, tendremos, además de todo lo reseñado, coletazos de la celebración de los cien primeros días de gobierno de ZP. Que se cumplen en puridad este lunes. Saque cada cual sus conclusiones de los muchos balances que estos días hemos tenido ocasión de leer.