EN BLANCO
Cómicos
PUESTO que el mundo es un escenario poblado de actores mediocres e ingredientes vulgares, y más en este país de tontos graves, resulta agradable contemplar a la nueva generación de cómicos que han copado los primeros puestos del cartel humorístico español. La verdad es que desde aquella astracanada de Aznar, cuando aseguró que suele hablar catalán en la intimidad, no nos divertíamos tanto. El menú de opciones sobre los que van regalando risas por el mundo tiene que abrirse, casi por imperativo legal, con el esperpéntico Eduardo Fungairiño, un alborotador de conciencias que, contra toda lógica, sigue cobrando por ejercer como fiscal general de la Audiencia Nacional. Su comparecencia ante la comisión investigadora del 11-M, ese rompecabezas que está condenado a encajar, mal que les pese a Acebes y compañía, deja en mantillas a maestros del género como los hermanos Marx. Acorazado con una cazurrería como de pueblo, largó toda esa retahíla de despropósitos sobre la furgoneta islámica o los documentales de la BBC que protegen su «higiene mental» ¡Aplausos para el caballero! Una vez que el señor Fungairiño abandonó el escenario, se puso bajo los focos el eminente sociólogo Amando de Miguel, invitado al Congreso por sus amigos del PP para poner a parir al proyecto de ley sobre la Violencia de Género. Según los presentes, su actuación resultó una loa al bochorno ajeno, especialmente al proclamarse una persona ilustrada y pretender demostrar el bagaje de chatarrería intelectual que lleva dentro exhibiendo un montón de libros que dice conocer de cabo a rabo, como por ejemplo el que analizada el grado de aceptación que tiene el tampón entre las españolas. Así que ya saben, ha sido elegida pareja cómica del año la de «Fungairiño y de Miguel, risas a granel».