Diario de León
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ANTONIO PÉREZ HENARES
León

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SI ALGO ME encontré en Islandia, islandeses aparte claro, fueron españoles. Resulta que resultamos ser la nacionalidad mas numerosa, en ocasiones con mayoría absoluta, en los logdes a las orillas de los ríos que acogen a este particular y muy rentable turismo salmonero. Porque Islandia y el salmón no sólo están muy arriba en cuanto a latitud, ya casi en el Ártico, sino que andan por las nubes. Reykiavik tiene una marcha nocturna, aunque pasada por agua-nieve en pleno agosto, que no tiene porque envidiar a nuestras costas. Tampoco en precios, porque una cerveza no la pagas con mil pesetas de las de antes y hasta te puede llegar a las dos mil sin un pestañeo. Para compensar el paisaje femenino es luminoso y unas y otros hasta chapurrean y algunos hablan bien español, segunda lengua tras el inglés en su aprendizaje. Normal si se tiene en cuenta que el 75% de su población, 300.000 vikingas almas, ha venido en alguna ocasión a España y el 25% restante está deseando poder hacerlo. Beben como cosacos y encontrar uno o una no bebido un viernes en la zona de marcha es como pretender encontrar un abstemio entre los hooligans ingleses o alemanes por Magaluf en Mallorca. Entre los rastros españoles por los ríos islandeses destacan los norteños, gallegos, cántabros y, sobre todo, asturianos. Allí incluso encontré la marca escrita del ahora desaparecido Álvarez Cascos. También se que se le dieron bien a Juan Delibes, que ha repetido este año, y a Emilio Aragón que en compañía de su familia no hay año que falle al Ranga. A mi vuelta leo que al presidente del Gobierno, pescador de truchas, no le gusta el salmón. Comerlo dicen y que no han dejado de ponérselo en las comidas oficiales en Palma. Pues esto no puede quedar así. Primero lo que tiene que hacer don José Luis es irse a pescar un salmón a Islandia más barato que la casa menorquina le va a salir, desde luego, y luego que se lo coma y entonces aprenderá lo que es salmón y no esos peces recebados con salvado que le han puesto en el plato. Que prenda uno en la caña y que se lo horneen fresco luego y ya me dirá Zapatero si no se engancha también él al salmón. A lo mejor lo vemos como a Cascos intentando sacar el campanu del Sella al año que viene.

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