Diario de León
León

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TRESCIENTOS simpatizantes del nazismo se reunieron en Valdesamario, donde alguien les dejó la finca. Un alguien con nombres y apellidos, claro.  Sin incidentes, se asegura en la prensa. Pero la reunión ya fue un incidente en sí misma, porque trescientos neonazis son muchos. La cifra da miedo. El mal trabaja en equipo, y para ponerse en funcionamiento le basta con un lidercillo, cuatro mediocres y una sociedad cobarde que crea que puede servirse de ellos para que les hagan el trabajo sucio. No hubo foto del siniestro encuentro, pero podemos imaginarla. Ojalá fuese un mero problema de incultura, pues tendría una solución más fácil, pero no es así; como han advertido muchos pensadores, los nazis encontraron compatible el exterminio de un pueblo con emocionarse escuchando a Beethoven y leer a Holderlin; la cultura como mera erudición, como mero culto a la belleza,  reducida a distinción y modales no es suficiente, ha de estar atravesada por el amor y la ética.   Estos neonazis deberían leer el poema Fuga de muerte, de Paul Celan, en el que habla de «fosas en el aire», en alusión al humo que salía de los hornos crematorios. O la literatura testimonio de Primo Levi. Ser engañado por el proyecto nazi o fascista antes de la II Guerra Mundial podía tener cierta justificación,  pero hoy ya no puede hablarse de engaño inocente. Hoy sabemos. Más aún, tenemos la obligación de saber. Hay una ignorancia culpable, la que se escoge. No están en extinción, lo saben y sienten que los tiempos les son propicios. Pero todavía son más quienes adoptan hijos de otras razas, quienes creen en el diálogo entre culturas, quienes apuestan por la fraternidad universal. Trescientos neonazis son muchos, no debemos subestimarlos, pero nosotros somos más....

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