LA VELETA
La escalada de Kerry
LA ESTRATEGIA de John Kerry para ganar las elecciones se basa en un lento arañazo progresivo de las reservas que tiene el presidente Bush en el miedo de los norteamericanos al terrorismo después del atentado del 11 de septiembre. El primer debate, el celebrado en la universidad de Miami, estaba considerado por los asesores de Kerry como el más difícil y definitivo para calibrar las posibilidades de ganar la elección. Si el candidato demócrata ganaba esta disputa televisada, había una posibilidad. Si perdía, se quedaba fuera de la carrera presidencial. Todavía hay partido y esa es la buena noticia para los demócratas. Es ahora cuando empieza la verdadera campaña electoral. Las encuestas más serias sitúan a los dos candidatos en un empate técnico, pero presumiblemente, la cuestión más difícil para el candidato demócrata, la guerra de Irak, ha sido ventilada con una victoria de su lado. Su punto flaco, la ambigüedad, ha sido amortizada con inteligencia. Para leer entre las líneas de estos encuentros electorales televisados hay que situarse dentro de la mecánica electoral norteamericana. Quienes votan, a pesar de ser pocos, se mueven básicamente por impulsos mediáticos, excluyendo los electores inamovibles que las reservas republicanas y demócratas almacenan. Algunos, con buen pedigrí patriótico, no cambian departido en generaciones y su adscripción es una especie de escudo de familia. La cuestión ahora es la economía. Los precios del petróleo y las dificultades de sostenimiento del crecimiento económico son factores que Bush trata de combatir con sus bajadas de impuestos y generando déficit, que es un agujero económico para el futuro. Y ahí es donde la influencia mediática puede hacerse sentir, porque los representantes de la genuina inteligencia empiezan a levantarle los apoyos al presidente para que consiga la repetición de su mandato. No es fácil situarse en la mentalidad norteamericana para entender el proceso electoral que al final es determinante para todo el mundo. No es que haya grandes diferencias entre los dos candidatos que se parecen demasiado hasta en el talante aburrido que exhiben. Pero cuatro años más de Bush aterrorizan a demasiada gente. La esperanza de Kerry es que el frente derechazo de Bush aumenta. Es mayor el número de personas que quieren que Bush pierda que el que pretenden que Kerry gane. Y esa es, ahora mismo, la mayor fuerza electoral del demócrata. Tampoco está mal.