EL RINCÓN
El futuro, a la espalda
ES CURIOSO que las intoxicaciones alimentarias se den con mucha mayor frecuencia en las residencias de ancianos que en los restaurantes de muchos tenedores. Las estadísticas demuestran que eso de ingerir alimentos «en pésimas condiciones» es algo que está íntimamente ligado con la economía de los comensales. Ocurre algo parecido a lo que sucede con las inundaciones: cuando llueve como nunca, o sea, como siempre, los que se anegan son los barrios periféricos. Ahora, una noticia un poco tapada tipográficamente cuenta que en una residencia de ancianos de la localidad palentina de Paredes de Nava han muerto cuatro ancianos y otros nueve permanecen ingresados en un hospital, dos en estado crítico. A todos les sentó mal la comida por la misma razón: porque no era comestible. Les dieron un puré, no sé si de San Antonio, y precipitaron su comparecencia ante San Pedro. Habría que tener más cuidado con nuestros viejos porque de seguir así vamos a quedarnos sin ninguno. Un informe de la Comisión Europea advierte de que esta parte del mundo está habitada por mucha gente que se dejó el porvenir a sus espaldas hace mucho tiempo. Un continente para el Imserso. Resulta que siete de los diez nuevos países de la Unión Europea tienen una natalidad inferior a la media. La fecundidad, que siempre ha estado al alcance de casi todo el mundo, atraviesa una grave crisis. Los constructores rara vez proyectan pisos de más de dos habitaciones: saben que existen pocas probabilidades de que quienes los adquieran inviten a venir al mundo a ningún desconocido. Las consecuencias, minuciosamente estudiadas por los que analizan las tendencias demográficas, son que Europa sufrirá a partir de 2010 un rápido envejecimiento de la población. ¿Cómo no cuidar a los ancianitos que pronto serán mayoría? El partido político que mimara a este colectivo, que se dice ahora, se llevaría el gato al agua. En vez de hacer eso, los envenenamos. Los viejos han hecho muchas cosas, pero no pueden hacer ciertas digestiones.