Publicado por
JOSÉ CAVERO
León

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CUANDO ya se habían anunciado posibilidades de entendimiento entre los dos fraternos amigos-enemigos irreconciliables Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, alcalde y presidenta de Madrid, se ha vuelto a producir un nuevo y más estruendoso chispazo o el topetazo entre ambos. Algunos de estos encontronazos llegan a los medios informativos y otros se quedan en las broncas telefónicas de ambos y apenas llegan a trascender. Esta vez, sí, ha llegado a alcanzar tonos altos, y ácidos y ásperos el desencuentro. Una vez que Pío García Escudero anunció que abandonaba la presidencia del PP regional, de cara al congreso que el partido regional desarrollará en noviembre, Esperanza Aguirre se apresuró en hacer público su propósito de sucederle en la presidencia del PP madrileño. Pero encontró que también Gallardón quería controlar ese espacio político de primera importancia, o cuando menos, quería tener presencia en él. Y con tal propósito, primero, propuso que su hombre de confianza, Manuel Cobo, se integrara en una candidatura única como secretario general, y al no ver satisfecho este planteamiento, animó a su hombre de confianza para que encabezara una candidatura alternativa a la de Esperanza Aguirre. El episodio lograba mayores cotas de curiosidad y de sorpresa cuando en la lista de candidatos de Manuel Cobo aparecía, también, el nombre de Ana Botella, esposa de Aznar, teniente de alcalde de Gallardón, y se supone que primerísima amiga de Esperanza Aguirre. A la vista de esta novedad, la presidenta Aguirre ha parecido mostrar algunos signos de titubeo y de reconsideración del problema. Pudiera haber llegado a la conclusión de que esta vez ha llegado demasiado lejos en su animadversión contra Gallardón. Sobre todo, cuando ha comprobado que las estructuras del partido no se inclinaban con entusiasmo en su favor. Sobre todo, cuando todos han reclamado que Rajoy opinara o actuara, y el sumo presidente se limitara a proclamar que «no es malo tener dos candidaturas» ¿Y ahora, qué? Hay reacciones para todos los gustos, naturalmente. La presencia de Ana Botella en la lista del alcalde no es improbable que esté moviendo a la rígida Esperanza Aguirre a modificar su actitud de intransigencia. Parece que con ese golpe bajo no contaba. La seguridad que mostraba de tener controlada la victoria frente al candidato Cobo se ha comenzado a resquebrajar. Pudiera regresarse a la idea de lista de integración, con Cobo con secretario general. O pudiera irse al choque final de dos listas enfrentadas e irrecuperables para el entendimiento. Pero, en todo caso, el espectáculo está en pleno desarrollo para solaz de los contempladores.

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