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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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EN LOS últimos días he voceado varias veces desde este balcón: Hay una permanente intriga en el Palacio de los Guzmanes contra el pacto socialista/leonesista en el Ayuntamiento de León. Ya ha quedado al descubierto. El diputado provincial leonesista, Lázaro García Bayón, ha amenazado con irse de la UPL y meterse en la barriga orgánica de otro partido si no se rompe el pacto en el Ayuntamiento de Léon. El otro partido al que quiere irse y acabará yéndose, es el PP, para el que actúa como submarino desde hace muchos meses y con el que es evidente que tiene acuerdos cerrados para su propio futuro político. Ha hecho bien Joaquín Otero, secretario general de la organización leonesista, al replicarle con firmeza: «Las puertas están abiertas, porque aquí no retenemos a nadie contra su voluntad y no toleramos chantajes o amenazas». Si Joaquín Otero hubiera empezado por ahí hace muchos meses, habría tenido menos dolores de cabeza. Eso sí: No hubiera impedido la jaqueca provocada por Rodríguez de Francisco. Lázaro García Bayón, además de desleal con su partido, miente claramente en lo esencial de su razonamiento. Si la UPL no continúa ostentando la alcaldía de Villaquilambre es porque no quiso Lázaro García Bayón. Primero montó una moción de confianza a la que nadie le obligaba. Y la perdió. Después impidió que cualquier otro edil de la UPL fuera alcalde, como podría haber ocurrido, hasta el extremo de obligar a los concejales socialistas y populares de entonces a llegar a un acuerdo de gobernabilidad y sentar en el sillón municipal a Miguel Hidalgo. La alcaldía de Villaquilambre la regaló Lázaro García Bayón, quien lleva forzando varias rupturas en otros ayuntamientos con un único objetivo: acabar con el pacto de León. No se le va a arreglar. Con su marcha, si realmente se va, se amortiguarán muchos problemas en la UPL. El caso del corregidor de Sariegos es completamente distinto. Tiene muchas razones para sentirse acosado injustamente, aunque no sean suficientes para pedir la dimisión de la concejala del municipio de la capital, Natalia Rodríguez Picallo. Fue utilizada por quien llevaba varios años intentanto conseguir en los juzgados la alcaldía de Sariegos que le niegan los ciudadanos en las urnas. Fue en la lista de impositores de Caja España encabezada por una mujer e, inmediatamente después, se la marginó para sentarse él a horcajadas en la cresta del Consejo. Es decir: son los mismos escrúpulos que ha tenido el PP de Madrid con Ruiz Gallardón. Me ha sobrecogido el relato de Manolo Cobo, leonés y mano derecha de Gallardón, quien ha retirado su aspirantazgo a la presidencia conservadora en Madrid. Es terrible. Habló de «odio, rencor, encanallamiento y discusiones de talibanes» hacia él y Gallardón. ¿Es esa la herencia política que ha dejado Aznar en el PP?. El leonés Cobo atinó en la definición con cuatro palabras demoledoras. Menos mal, pienso yo, que Aznar no consiguió contagiar al resto de España como era su propósito.

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