Diario de León
Publicado por
LUIS GRAU
León

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SEAN estas líneas una réplica al artículo publicado el pasado día 15 de septiembre en la página C13 del Diario de León (suplemento de Tierra de Campos, Sahagún), firmado por Acacio Díaz, sobre las «quejas» acerca de la escultura instalada en las inmediaciones de la ermita de la Virgen del Puente. Las escribo como uno de los responsables de la muestra Otro lugar de encuentros (2003), evento generador de la propuesta artística que en aquel se cuestiona. Vamos por orden (por el orden de esas «quejas»). En primer lugar, que se califique de «despropósito» o «falta de respeto al patrimonio» esta obra y se reclame en su lugar la rehabilitación de las indignas e indignantes mesas y bancos a los que intencionadamente cubre y que eran propios de un merendero cutre y adefesio, no dice demasiado a favor del criterio personal del crítico. Sí resulta lógico y legítimo, en cambio, demandar la instalación de otras mesas y bancos en tan tradicional espacio de romería y merienda. Éstos, con un diseño más ajustado al lugar (confeccionados en madera, por ejemplo) se incluyeron en una segunda fase del proyecto y, según nuestras noticias, están en vías de instalarse. Puede uno enojar, eso sí, el retraso que se intentó paliar en la pasada romería con la ubicación de unas mesas provisionales. La tala de los chopos que tan gozosamente amparaban este paraje y ofrecían una tan suspirada sombra a peregrinos y visitantes no tuvo nada que ver con la escultura. Tanto los organizadores como el artista lamentamos profundamente tal circunstancia cuando, en una de nuestras visitas de preparación, nos sorprendió el hecho. Lo mismo debe decirse sobre el pozo, la falta de agua o la retirada de basuras de los contenedores, que, insisto, son de lamentar en todo caso pero que nada tienen que ver con la obra artística. Excepto que no la favorecen en absoluto, como es obvio. Conozco a Sergio Molina. Que el autor del artículo haya entresacado de su conversación con él una frase que, fuera de contexto, parece despectiva hacia el usuario de su obra, no es ni lícito ni justo. Tendencioso, puede. Recuerdo perfectamente las duras jornadas de trabajo de Sergio en los talleres de Sahagún para confeccionar su obra, trabajando de sol a sol, y las visitas a la ermita, lugar que él precisamente escogió por su carácter agreste (aquellos árboles¿) y de reposo, casi de retiro. Su mayor ilusión era que sus piezas, aquellas «topografías mansas», se integraran en el paisaje (por eso están repletas de tierra y las hierbas crecen trabajosamente hacia las cimas, entre sus huecos) y que se alojaran de forma natural en la retina de quienes visitaran el lugar, que sirvieran para su sosiego, el juego de los niños o la siesta del peregrino. Su mayor deseo era no ser notado, y para ello contaba con la complicidad de un lugar retirado y cuidado, un oasis en tierra de horizontes sañudos, en el que unas dóciles formas orgánicas, orografías erosivas -¿»montón de chatarra»?-, acompañaran al rotundo volumen geométrico de la ermita mudéjar. Lejos de agredir, se trataba de agradar. Y, por fin, ¿quienes se quejan?. Es fácil escribir «somos legión». Todos quienes sean tienen canales para hacer llegar esa queja y su argumentación, para solicitar los cambios que crean oportunos, para éste y esos otros casos que a buen seguro tienen anotados en un espacio monumental tan atormentado como el de Sahagún. ¿Se quejó alguien cuando se dispusieron allí las anteriores mesas, ese escarnio? ¿Qué sentido tiene esta queja cuando tal instalación sólo pretende apoyar el atractivo monumental de la villa y ni molesta ni daña, no quita, sí añade? ¿Quién se queja «desde el obispado»: todos, el obispo, un párroco¿? ¿Existe un «tiempo que se concede a una obra de arte para su aceptación y lucimiento»? ¿Cuánto tiempo?. La obra de Molina se incluye en un proyecto expositivo plenamente contemporáneo que tuvo a Sahagún como escenario. Un proyecto que fue aprobado y animado calurosamente por una corporación (PP) y mantenido y alentado después de las elecciones por otra distinta (PSOE) en un ejemplo de madurez política. Un proyecto que contempló ya entonces la permanencia de esta obra, apoyada desde un primer momento por ambos alcaldes sucesivos como incremento del patrimonio local y testimonio de su vitalidad y apoyo a la nueva creación artística. En resumen: la citada instalación escultórica nada tiene que ver ni con la tala de árboles, ni con la falta de agua, ni con el supuesto abandono del paraje y, en cuanto a la carencia de mesas, es un asunto en vías de arreglo. Hechas estas necesarias aclaraciones, el resto, la supuesta calidad o pertinencia de la obra, podemos dejarlas en una cuestión de gusto. Pero que a mí no me guste el artículo del señor Díaz no significa que pida su retirada o censura del periódico.

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