AL TRASLUZ
Shakespeare vive
PONFERRADA acogió ayer La tempestad , de Shakespeare, que no hace mucho había sido representada en el Auditorio de León. Esta adaptación tiene grandes aciertos, pero también, en mi opinión, algún lastre evitable, consecuencia de modas que ya duran demasiado, como es el incorporar innecesarios añadidos escénicos actuales, que chirrían no por anacrónicos sino por prescindibles. ¿Por qué incluir en una isla una señal de stop? Al parecer, también en la ópera se cometen excentricidades similares. Por supuesto, el teatro de Shakespeare admite las actualizaciones de sus tramas, pero sin arbitrariedades. Dos buenos ejemplos de actualizaciones logradas son las versiones cinematográficas de Enrique III y de Tito Andrónico; en ambas se mezcla actualidad con pasado. Recalquémoslo: no cuestionamos las adaptaciones a nuestros días de estas obras maestras, pues indudablemente Macbeth serpentea hoy por la política y las finanzas, sino «moderneces» que no son modernidad sino extravagancia psicodélica. Pese a todo, bienvenidas sean todas las adaptaciones de Shakespeare, que nos invitan a contrastar versiones, que nos llevan a sus libros. Ojalá que el Ayuntamiento no nos deje temporada sin una obra suya. En las tragedias shakesperianas los malvados son brutalmente castigados, aunque no en La Tempestad , donde se perdona el daño causado. En la vida real un personaje como Macbeth o Glóster pueden terminar premio Nobel de la Paz. O tan tranquilines en las Bahamas. Pirandello tenía razón, somos personajes que buscan autor. Y Shakespeare vive.