FRONTERIZOS
20-N
DESPUÉS se hizo común nombrar así las fechas clave de nuestro pasado reciente, pero creo que fue el 20-N la primera que recordamos con el número y la inicial del mes. Sin embargo, el tiempo hace estragos en la memoria y aunque sólo (o ya) han pasado 29, se hace cada año más necesario explicar a muchos ciudadanos qué sucedió un 20 de noviembre. ¿Ocurrirá lo mismo algún día con el 11-S o el 11-M? El 20-N de hace casi tres décadas empezó a levantar la niebla que había cubierto este país cuarenta años atrás, desconectándolo del mundo, rompiendo bruscamente su evolución natural y parando ese reloj de la historia que, aunque hemos conseguido poner en hora en el último cuarto de siglo, sigue un poco averiado. El 20-N se empezó a recuperar la normalidad perdida en aquello que, siguiendo la tesis de Andrés Trapiello ( Las armas y las letras ), no fue una guerra civil entre dos Españas sino «la determinación de dos Españas minoritarias y extremas para acabar con otra» en la que cabría la mayor parte de la población. 29 años después de la muerte de un dictador mediocre e iluminado, es curioso comprobar las dificultades para revisar la historia reciente huyendo del mero revanchismo, desde u n punto de vista desapasionado como el que ofrece Jordi Gracia en La resistencia silenciosa para analizar el papel de la cultura en el conflicto. Las explicaciones matizadas del pasado son posibles sin caer en un revisionismo torticero y partiendo de una previa y definitiva condena del espíritu totalitario que alentó los años más tristes de nuestro país. Pensando en otros Francos actuales queda siempre en el aire la misma pregunta: ¿cuánto tarda en cicatrizar una herida social?