Publicado por
ÁNGEL ALONSO ÁLVAREZ
León

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CON «A» de ánimo y resolución, con talento y nuevas habilidades sociales. Cuando hace unos días leía que esta provincia está en la cola de la creación de empleo de los últimos años, de inmediato me vinieron a la cabeza proyectos de inversión extranjera emblemáticos y fallidos. Desde hace tiempo la palabra futuro está asociada a acciones que realizan otros, desde fuera, para salvarnos. León hace décadas que colgó el cartel «Necesitamos gente que sepa hacer cosas y quiera instalarse en León». Me parece que ha llegado la hora de retirar el cartel y sustituirlo por este otro: «Sabemos hacer cosas y las vamos a hacer». Pertenezco a una generación de profesores de la Escuela de Ingeniería Industrial e Informática que hace más de quince años identificados, creo que correctamente, los problemas de esta provincia y nos pusimos a trabajar, desde nuestras premisas, para intentar resolverlos. Lo hicimos con pocos recursos, con poco apoyo, con escasa capacidad de influencia, pero con mucha determinación. Nosotros estamos muy satisfechos por lo conseguido y llenos de entusiasmo por lo que pensamos que puede conseguirse. Queremos contagiaros. A nuestro juicio los problemas económicos de esta provincia se cimientan en los siguientes puntos: - No sabemos, ni nos importa crear empresarios, tejido empresarial. - Tenemos muy arraigada la cultura de la emigración - Nuestro gran objetivo es formar profesionales. Esto lo sabemos hacer muy bien. - Presumimos cuando nuestros hijos se ponen a trabajar para otros, cuando más poderosos ( el Estado, una multinacional, etcétera.) mejor. - Nuestros activos financieros se invierten en empresas que dan vida en otros lugares. - Perseguimos afanosamente las subvenciones y la protección del Estado - No hemos aprendido a gestionar el riesgo. Compramos seguridad a cualquier precio. - La conjunción de los puntos anteriores hacen que España y el mundo estén salpicados de excelentes profesionales leoneses. Profesionales que dejan su inmenso valor añadido en otras latitudes. Nosotros pagamos su formación y otros recogen los beneficios. Al análisis anterior nosotros le añadimos las siguientes premisas: - Hay pocas probabilidades de que alguien de fuera venga aquí a dejar valor añadido. Si viene, como es lógico, se llevará los mejores excedentes. - Si el empresario es de aquí hay muchas probabilidades de que se quede aquí el mejor valor añadido. - Nadie se va a compadecer de nosotros, por lo tanto el victimismo no es una solución. - Sólo nosotros podremos resolver de verdad nuestros problemas. - No existen ni los milagros ni las soluciones mágicas. Los únicos sólidos son el trabajo, el rigor profesional, mejorar nuestras habilidades sociales y mucha determinación. Cuando hablamos de habilidades sociales, nos estamos refiriendo a nuevas actitudes por parte de nuestro liderazgo financiero, empresarial, político, académico y social. Todo lo anterior indica que nuestra solución pasa por crear tejido empresarial. Y lo primero es analizar los factores favorables y los desfavorables. Hay varios factores favorables que por razones de espacio no enuncio. Los desfavorables pueden resumirse así: - La sólida y corrosiva cultura de la emigración. -Un desplazamiento enfermizo en la interacción seguridad-riesgo hacia la seguridad, anulando irremediablemente toda la capacidad creativa de la actividad económica. - Idolatramos las virtudes ajenas y despreciamos las locales. - Ausencia de habilidades sociales para a) Generar criterio, con niveles de eficiencia y eficacia suficientes, imprescindible para respaldar decisiones de riesgo; y b) Para convertir dichas decisiones en activos financieros sólidos. Entendemos que corregir estos cuatro factores negativos no es tarea fácil. Forman parte de nuestra idiosincrasia. Serán necesarios años de trabajo intenso y bien planificado. Es un reto difícil pero apasionante, porque significa crear futuro, el mejor legado para los que vienen detrás. ¿Qué hemos hecho nosotros hasta ahora? Nuestro primer objetivo fue romper la cultura de la emigración. Para ello desde la pequeña e ignorada Escuela de Ingeniería T. Industrial nos propusimos retener en León al mayor número posible de alumnos que deseasen estudiar una ingeniería del ámbito tecnológico. Es un objetivo cumplido. Tenemos dos mil alumnos repartidos en tres ramas de la ingeniería: industrial, informática y aeronáutica. Nos parece un paso gigantesco porque los ingenieros que formamos aquí, trescientos cada año, han echado raíces y aunque tengan que marcharse les gustaría volver. Si hubieran marchado a los 18 años habrían echado raíces en otra parte. Estamos rompiendo la cultura de la emigración. Estos trescientos ingenieros anuales son un enorme patrimonio. Primero porque no quieren marcharse y segundo porque están formados en áreas tecnológicas de mucho futuro y gran valor añadido. Son los mejores mimbres para conseguir nuestro objetivo, que consiste en hacer de la Escuela un punto de encuentro de empresarios, emprendedores, investigadores, profesionales, instituciones financieras y políticas, en el campo de las tecnologías que nos ocupan para multiplicar la capacidad productiva de las ya existentes y crear otras nuevas. En ello estamos. Si conseguir el primer objetivo fue difícil, este segundo lo va a ser más, porque es necesario crear una cultura económica que busque un equilibrio dinámico en el binomio seguridad-riesgo. Sabemos que todavía tenemos muy poca capacidad de influencia, pero también sabemos que esta no deja de ejercer. La actividad en la Escuela crece sin parar. Nos motivan todos los días los dos mil alumnos que tenemos, vuestros hijos. Ellos nos dicen que les gustaría tener aquí una oportunidad de trabajo. Y nosotros no podemos fallarles.

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