Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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LA SELECCIÓN catalana de hockey sobre patines se ha ganado deportivamente el derecho a participar en competiciones internacionales, pero sucede que esa legitimidad deportiva carece en el ordenamiento jurídico español de capacidad legal. Atendiendo a la legislación española, la Federación Internacional de Patinaje ha rechazado la admisión en su seno de la catalana después de haberla permitido acudir al campeonato mundial B, que se celebró recientemente en la ciudad china de Macao y fue ganado por los patinadores catalanes. Si la Federación Internacional hubiera dado anteanoche vía libre a la participación del hockey catalán en competiciones internacionales, se habrían de enfrentar en un próximo campeonato las selecciones de España y Cataluña, lo cual venía levantando ampollas en la sensibilidad de los españoles más reacios a asumir la pluralidad del país. En los periódicos pueden leerse hoy las declaraciones iracundas de Carod, en las que no se oculta una intimidación vindicativa, como sería la de que nadie en Cataluña apoye los Juegos Olímpicos de Madrid 2012 porque «quien es incompetente para articular desde el respeto a la diversidad el deporte en el interior del Estado, no puede organizar esos Juegos Olímpicos por carecer de capacidad, competencia ni voluntad». Asistimos al fenómeno, nada infrecuente, de una legitimidad deportiva, con su dosis de subjetivismo, sin capacidad legal. Es un enfrentamiento entre lo real en el estadio y lo jurídico en las tablas de la ley estatal, con solución obviamente abierta, aunque no desde la pasión sino a través de la serenidad del diálogo. De momento la Federación Catalana va a recurrir, si no ha recurrido ya, la decisión del Comité Ejecutivo de la Federación Internacional, y dispone de un abogado de altos vueltos, el célebre Jean Louis Dupont, del caso Bosman, por el que se abolió la esclavitud en el fútbol. Según Carod Rovira, el Gobierno español no ha jugado limpio, injiriéndose políticamente en el deporte, lo que también denunciaba ayer, aunque de modo subliminal, el conseller en cap de la Generalitat, al decir que «en las dictaduras o en las democracias tuteladas o no suficientemente avanzadas la política influye en el deporte, y se utiliza el deporte como arma política», dejando ver que en España a la democracia le faltaría aún un trecho por recorrer. Pero quienes más han politizado el perfil de la selección catalana de hockey sobre patines han sido los líderes del gobierno tripartito de la Generalitat, expresando su alborozo por el triunfo en el Mundial B tanto de forma verbal como gráfica y llegando a aconsejar a España que se busque un nombre para competir contra Cataluña.

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