Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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SOBRE LA CRISIS en el ayuntamiento de León se ha vertido demasiada literatura, hay mucha retórica; pero la explicación de lo que está sucediendo me parece muy sencilla, demasiado humana. Es la consecuencia de los celos, las rivalidades personales, los odios cainitas, el ansia de poder. Hay más de un culpable pero todas las miradas, con razón, se dirigen a Rodríguez de Francisco. Fue éste, en la cima de su poder, quien indujo a la UPL al pacto con el PSOE por el que expulsó del gobierno municipal al PP, pese a haber sido el partido más votado en las elecciones municipales, por su enemistad con el alcalde Mario Amilivia. Es ahora el que, tras la pérdida de aquel poder y su abandono de la UPL, apoya la moción de censura contra el PSOE, no tanto por hundir al actual alcalde, Francisco Fernández, como por dejar a su anterior partido a la intemperie, sin los sueldos y las dietas que cobran algunos de sus antiguos compañeros que es, probablemente, donde más les duele. Todo empezó mal pero en esto la culpa no es de la UPL sino de los dos grandes partidos nacionales, por no llegar a un acuerdo sobre el gobierno municipal de la lista más votada. Legalmente es alcalde aquel que logra reunir, en su investidura, más votos, sean propios o en coalición. El socialista Francisco Fernández logró ese apoyo de los leonesistas. Sólo una objeción: el apoyo de la UPL al nuevo alcalde difícilmente podía responder a los intereses de la ciudad, a no ser que De Francisco, con meses de antelación, supiese que el PSOE iba a ganar las elecciones generales, cosa en la que entonces nadie creía. Apoyar al candidato socialista cuando gobernaban Aznar en Madrid y Herrera en Valladolid no parece una opción muy razonable para los intereses de la ciudad. Se trataba de echar a Amilivia por razones personales, o bien de desplazar al PP para utilizar el ayuntamiento de León como ariete contra la Junta. Cuando un pacto se hace por razones personales o ideológicas pero no políticas, sin un programa claro de gobierno, las posibilidades de su ruptura son muchas. Esto es lo que ha pasado. Hubo un momento de euforia con el triunfo de Zapatero en marzo, con el consejo de ministros en León en el mes de julio y con las promesas por el gobierno de grandes inversiones en la ciudad y en la provincia; pero menos de un año después parece que todas las ilusiones de la UPL con el PSOE se han ido disolviendo como un azucarillo. A la UPL no le importa si la labor diaria de Francisco Fernández ha sido o no positiva pues ese no fue el objetivo del pacto, por eso se han dejado acariciar por los cantos de sirena de Amilivia sobre una posible moción de censura. Tales diferencias salieron de modo brusco en el congreso de Astorga, donde la UPL se dividió en dos grupos irreconciliables. De este modo, se rompió la unidad en el ayuntamiento de León con tres concejales partidarios de Joaquín Otero y dos de De Francisco. Esta ruptura de la UPL dejaba en minoría al PSOE; esto lo sabían ambos grupos de la UPL, por eso comenzaron a negociar con Amilivia sobre la posibilidad de un acuerdo. Por afinidad personal e incluso ideológica el pacto parecía que se habría de firmar con Otero, con el que el PP mantuvo contactos y cenas, pero sus reticencias y dudas han permitido a De Francisco, menos ingenuo y más avispado, llegar al acuerdo con Amilivia, su antiguo enemigo, dejando con el culo al aire a sus antiguos correligionarios. Amilivia, que legalmente y pese a quien pese, será alcalde el próximo viernes, ha aceptado correr un grave riego pactando con una persona tan voluble. ¿Por qué lo hace? No tengo otra respuesta que una estrictamente personal: necesita recobrar la alcaldía y con ella el poder en el Partido Popular del que estaba siendo inexorablemente alejado; su carrera política estaba a punto de zozobrar, pero este paso no logrará reflotarla. De Francisco como las abejas, él y el resto de la UPL, deberían mirarse en el espejo del Partido del Bierzo.

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