AQUÍ Y AHORA
La hora de Aragón
ARAGÓN está saliendo de una depresión histórica que le alejó del Mediterráneo como fuente de expansión y le sumió en un cerco propiciado por el propio oscurantismo español. De repente, Aragón ha encontrado su talento, está recuperando su autoestima y dibujando su futuro. El primer paso fue un descubrimiento geométrico basado en el fatalismo geográfico que le hacía tierra interior y que se ha convertido en positivo. Trazando una circunferencia, cuyo centro esté en Zaragoza, Aragón es el punto equidistante entre Burdeos, Toulouse, Barcelona, Valencia y Madrid. La mayor riqueza y población del sur de Europa y una plataforma logística que pude ramificarse hasta Latinoamérica y el extremo Oriente. Marcelino Iglesias, es un hombre visionario que ha entendido la capacidad que tienen las desventajas -estar alejado de la periferia- para convertirse en factor de crecimiento. Muchas de las grandes empresas productivas de Europa han elegido Zaragoza como punto de partida y almacén de sus mercancías para extenderse por toda España y por Europa. Pero lo más importante de todo esto es la eclosión de una generación de empresarios que están tejiendo confianza para elevar la región a un primer nivel industrial y de servicios. Si la diáspora era la condición del aragonés que quería progresar en la vida, el retorno puede ser la vía de conformación de una dedicación profesional que colabore en la cimentación de una comunidad de primer nivel capaz de generar cohesión entre regiones con turbulencias como son Euskadi, Cataluña o el País Valenciano.