Diario de León
Publicado por
LUIS RIESGO MÉNDEZ
León

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LAS DIFERENCIAS fisiológicas entre le hombre y la mujer -las diferencias genitales- saltan a la vista, pero no son las únicas. Sus diferencias se extienden también al campo de la inteligencia, de la sensibilidad, de la sexualidad, de la afectividad... En cuanto a la inteligencia, no se puede decir que la mujer sea más o menos inteligente que el varón, sino que lo es de forma distinta. La inteligencia masculina ve las cosas más en su conjunto; la mujer más en sus pormenores. Ellas tienen un espíritu de observación más desarrollado que el hombre: se fijan en detalles que al varón le pasan desapercibidos. Razona menos pero intuye más. Su inteligencia se halla más ligada a la sensibilidad, lo que facilita su intuición, característica esencial de psiquismo femenino, y su poca afición por el razonamiento y la abstracción. La sensibilidad desempeña en la mujer un papel mucho más importante que en el hombre. Precisamente por ser más sensible, es más apasionada que éste. Despreocupada por la teoría, vive con preferencia en lo concreto y le atrae lo humano. De ahí su tendencia a volcar su vida en el amor. El amor invade por completo su psiquismo, y la unión sentimental invade con facilidad el primer plano. En el hombre , por el contrario, lo esencial de su existencia radica en la vida profesional, en la actividad... En cuanto a la sexualidad, la mujer es menos carnal que el hombre. Lo que no quiere decir menos apasionada. Todo su ser, el espíritu y el cuerpo, se ven afectados. La sensibilidad propiamente sexual la tiene menos localizada porque todo su cuerpo está interesado, del mismo modo que toda ella se vuelca en el amor.. Y lo mismo podemos decir de la afectividad: mientras que el amor del hombre es de iniciativa, de conquista del otro sexo, el de la mujer es más bien pasivo. Es más, en ocasiones simula jugar al escondite con el amor para así estimular el deseo de conquista del varón. Vemos pues que el hombre y la mujer no sólo se diferencian en el aspecto fisiológico, sino también en el psíquico, en el intelectual y afectivo. Tiene razón Nietszche cuando afirma que «la diferencia de los sexos impregna todo ser humano: toda manifestación de la vida del corazón y de la inteligencia está sometida al influjo de esa diferencia; es masculino en el hombre y femenino en la mujer». Deduzcamos de ello que cada uno de los sexos, tanto en el terreno fisiológico como en el psíquico, en el intelectual y en el afectivo, clama por el contrario. «No es bueno que el hombre esté sólo -dirá Dios en el Génesis-: hagámosle ayuda y compañía semejante a él». Semejante y distinta: complementaria. Si bien lo miramos, en esa complementariaedad está la razón más profunda de la atracción entre el hombre y la mujer. Se trata de algo no sólo bueno y deseable sino que, debidamente encauzado, va a ser el camino ordinario de perfeccionamiento y plenitud, tanto para el hombre como para la mujer. «Camino ordinario», decimos, porque puede darse el caso de que los valores que un varón o una mujer, limitados e imperfectos, podrían aportar a una mujer o a un varón, éstos los reciban -y sobreabundantemente- de Quien ni es limitado ni es imperfecto, no renunciando al amor sino a la fuente misma de donde todo amor brota. Que ése es el verdadero sentido y valor del celibato voluntariamente escogido por amor a Dios y por amor no a una persona determinada sino a todos los hombres. Sí, hombre y mujer los creó. Por ello, mientras el amor del hombre es de iniciativa, de conquista, efectivamente, del otro sexo, el de la mujer es más bien pasivo. Es más: en ocasiones simula jugar al escondite con el amor para de ese modo estimular el deseo de conquista del varón.

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