Diario de León
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IZQUIERDA UNIDA
León

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TORMENTA, y no de nieve precisamente, se cierne sobre San Isidro y su área de influencia a tenor del cúmulo de inversiones millonarias y expectativas de crecimiento con el que los medios periodísticos, sutilmente inyectado por los políticos, nos vienen bombardeando tiempo ha: «San Isidro invertirá más de cincuenta millones en cuatro años en su desarrollo residencial» (Diario de León, 25/10/04), «La futura expansión hotelera de San Isidro multiplicará por 8 la oferta de camas» ( La Nueva España , 11/12/04)... Desde Lillo, y ante semejantes titulares, sólo se nos ocurre pensar en un desesperado ¡Sálvese quien pueda! Porque empezamos a ser conscientes de lo que solapadamente se nos viene encima. Estas líneas sólo pretenden abrir una vía a la reflexión, advertir a nuestras gentes de que muchas de las consecuencias de semejante boom urbanístico pueden ser negativas y conviene ponerse en guardia... La exposición del problema es muy sencilla. Lillo es una pequeña entidad de apenas 500 habitantes (el doble en temporada de nieve) que, por sus connotaciones orográficas, medioambientales, climáticas, netamente rurales e históricas, se constituye en un lugar privilegiado de cara al destino ocioso. En ese sentido durante los últimos años, han ido adquiriendo significaciones su saludable atmósfera, sus cumbres, sus ríos y lagos, majadas, sus bosques... Con ellos se han dado a conocer al forastero sus senderos, sus rutas de todo tipo, sus pistas de esquí, su caza, su pesca, su gastronomía, su gente... Belleza, salud y ocio será la nueva trinidad contemporánea que, como ocurrió en otros muchos sitios privilegiados, marcará en sentido pleno la vida de Lillo y su incipiente desarrollo. Esa puede ser la primera lectura de lo que está pasando, la visión elemental del despertar turístico de nuestra comarca. ¡Pero mucho cuidado! Porque sobre ese análisis también está planeando la sombra de la especulación, y lo peor, bajo el aliento protector de nuestros gestores, cuya miopía histórica sólo les hace ver pistas, asfalto, edificación, carteles, presupuestos y... votos, sin reparar en que todo ello, de forma descontrolada, puede llevarnos al desastre. Lo que hay detrás de tanta expansión ya hemos empezado a conocerlo, es muy distinto a lo que cuentan y su cara es tremendamente fea. -Lillo, «Parque Regional», como todos presumimos, tiene hoy a la vista de sus visitantes horripilantes vertederos de basura, estratégicamente colocados al borde de sus carreteras. Vertederos que, por prescripción municipal, lo son de invierno o de verano... -Lillo, «Parque Regional» insistimos, dispone de un complejo y caro sistema de depuración de aguas residuales que, por razones todavía indescifrables, no es operativo y lleva años sin poder entrar en funcionamiento. Con ello contribuimos indefectiblemente al deterioro medioambiental de nuestro río. -Lillo, Población de reconocida y valorada tranquilidad, se ve atravesada diametralmente por la carretera que conduce a la estación invernal sin disponer, no ya de una alternativa a ese céntrico trazado, sino de unos semáforos o de unas simples bandas sonoras que minimicen en la medida de lo posible los sofocantes efectos del tráfico. -Lillo, destino turístico de específica categoría, cuyo encanto como núcleo de población reside precisamente en su esencia rural, en su patrón de lento crecimiento orgánico, de callejuelas, de pequeñas edificaciones resueltas con un lenguaje tradicional en cuanto a materiales..., se ve de repente inundado por edificaciones de dispares tipologías, alturas y soluciones constructivas, con ordenaciones en bloque, de densidad, rigidez e impacto difícilmente asimilables. -Lillo, población, para sus pobladores por encima, no cuenta ni con un trasporte público que cubra sus necesidades mínimas. Sólo existe un autobús con destino a León, que tiene su salida a las 06.45 a.m. y que regresa a Lillo a las 21.00 p.m. Peor que en la posguerra... Y veremos a ver que pasa con el transporte escolar... Así las cosas, se plantea la necesidad urgente de abrir un espacio para la reflexión en torno a las macrointervenciones que nos adelanta la prensa por que son muchos los flecos de la tupida manta zamorana que pretenden correr ante nuestros ojos con tanta expectativa de crecimiento y tanta riqueza: -¿Qué criterios de ordenación urbanística se siguen para una programación de suelo residencial tan elevada y dispar?. Nos hablan de 350 viviendas y 7 hoteles en San Isidro más 34 chalets, 9 viviendas de promoción pública y 5 pallozas de alquiler en Lillo, etc... Aquí vamos a lo grande. En la vertiente allerana del puerto, por ejemplo, tenemos constancia de que la Consejería del medioambiente y Ordenación del Territorio a puesto coto a la especulación edificatoria en el área de nueva creación de Fuentes de invierno y a limitado enormemente la edificación. Aquí, barra libre... -¿Y consecuencias para el medio físico?. ¿Qué ocurrirá con los servicios y equipamientos básicos indispensables asociados a ese desarrollo?. Pensemos en primer lugar en el tratamiento de las aguas residuales, porque no olvi demos que el grueso de la promoción lo será en la propia estación, en plena cabecera del curso fluvial. Si tenemos en cuenta que actualmente la depuración en Lillo brilla por su ausencia no podemos dejar de inquietarnos ante la idea de nuevos y faraónicos proyectos aguas arriba. -¿Cubrirá el servicio eléctrico las futuras previsiones de potencia?. Las demandas se están incrementando enormemente y la infraestructura eléctrica mejora «a salto de mata». El pasado 8 de diciembre, en pleno puente de la Constitución, la comarca estuvo 2 horas sin fluido y el bochorno fue total, sobre todo en la estación invernal. -¿Adónde irá a parar la ingente cantidad de basura genera con tanta actividad? El carro ya ha adelantado a los bueyes en esa materia hace tiempo y nuestros dirigentes siguen yendo al contenedor tan campantes. -¿Será Lillo capaz de soportar los peligros y molestias del creciente flujo circulatorio? Demasiados interrogantes, y tememos que pensar seriamente en ellos. Alguien dijo que la imprenta era la «artillería del pensamiento». Para Izquierda Unida de Lillo, por desgracia, la palabra escrita hoy sólo puede ser eso, su desesperada defensa frente quienes anteponen el desarrollismo inconsecuentes a los valores medioambientales, sociales y culturales únicos de nuestro entorno. Quizá la guerra esté perdida de antemano por que el problema en parte es político, y los políticos bailan con quien sea. Ante los insensatos, ante los que cínicamente conducen, pensamiento con rendimiento, y artillería con cañones de nieve que todo lo blanquean, ante esos, nuestros representantes no pueden seguir siendo atónitas y agradecidas doncellas...

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