EN BLANCO
Que no nos pase nada
SUENA de fondo Plácido Domingo, mientras el año nuevo despierta y todos hemos asistido al entierro del viejo con la esperanza del futuro desconocido. «Peor no puede ser», decimos todos y ojalá sea así. Pero lo que se percibe en el horizonte no trae buenos presagios. Estoy pensando en el despropósito que ha abierto Ibarretxe; que ha apoyado ETA de la mano de su brazo político en el Parlamento vasco; que ha necesitado los votos en el País Vasco de una Izquierda Unida que en Madrid rechaza ese acuerdo; y que lleva la política vasca a un órdago en el que, pase lo que pase, vamos a perder todos y en el que hay una incógnita fundamental: ¿qué van a hacer el presidente Zapatero y el PSOE si Ibarretxe lleva la jugada hasta el final? Algunos han señalado que Zapatero se opondrá en las Cortes y que se la va a jugar en las autonómicas de mayo. La jugada pasaría por laminar al PP -el voto útil- y derrotar al nacionalismo. Si sale así, la división puede ser aún mayor. Pero si gana Ibarretxe y se hunde el PP, la situación puede ser irresoluble. Zapatero anda ocupado en los matrimonios gais, en reducir el poder social de los católicos, en «arreglar lo de los papeles de Salamanca», pero tiene abierto un problema real, el secesionismo vasco, y otro en la recámara, el independentismo catalán. ERC se frota las manos. Aznar se equivocó al no contar con el PSOE para afrontar el 11-M. Zapatero puede cometer el mismo error pensando que el hundimiento del PP le garantiza el futuro. ¿España invertebrada? No, España desvertebrada. Que no nos pase nada.