A CAMPANA TAÑIDA
Cierres
MAL COMIENZA este año 2004 para León. Aquellas promesas de ZP no pasan de meros espejismos, porque no es lo mismo prometer cualquier cosa en campaña electoral que cumplirla cuando se gobierna, con recursos limitados y con los socios catalanes barriendo descaradamente para casa a costa de los demás. El Banco de España cerró. Que fuese una decisión buena o mala, ahora ya no importa. Que Zapatero prometió que seguiría abierto sí es cierto, y no ha cumplido. Podrán tratar de vestir el asunto como quieran, pero cuando se gobierna, se promete y no se cumple, la responsabilidad es del que gobierna, nada más. Cosa distinta es lo del aeropuerto de León. Con la Diputación socialista hubo una inauguración virtual, vamos, de la parte del aire. Fue la Diputación popular quien inició los trámites en serio. Con el gobierno de Aznar las cosas siguieron su curso, aunque les pesase a algunos. Aena, particularmente cuando la dirigió Pedro Argüelles, no sólo no creaba dificultades, sino que tenía una actitud muy positiva en cuanto a la consolidación y ampliación del aeropuerto. Cambió el gobierno y cambiaron las cosas. Aena se llama «Andanas», y pone todas las trabas posibles para que las instalaciones de León crezcan. Pero además, no sólo se necesitan infraestructuras, se necesitan compañías que operen desde y hacia el aeropuerto de León. Ahí está el segundo ingrediente del guiso. Desde hace algún tiempo, se viene censurando la actitud del director del aeropuerto. Si no conviene, pues que lo quiten y se acabó. Lo que no tiene mucha base es atribuirle una obediencia espuria a la Junta para perjudicar al aeropuerto de León y beneficiar al de Valladolid. La cosa es tan pueril que casi no necesita explicación. El director, de este aeropuerto y de cualquiera, depende de Aena, que es un organismo dependiente a su vez del Ministerio de Fomento. Lo que haga o no haga el director es responsabilidad de quien lo nombra. Lo de la intención de perjudicar es, además, ofensivo: si obedecía órdenes del anterior gobierno, habrá que deducir que las sigue obedeciendo de éste, nada más. En todo caso, la responsabilidad es de Aena y de Fomento. Lagun Air, una de las dos compañías que opera en León, ha anunciado su cierre. La gente se extrañaba por el silencio de los parlamentarios nacionales en todo este asunto. Por fin, salieron dos. El senador Amilivia hizo responsable a Zapatero, pues lo es en última instancia. El diputado Turiel culpó a esta compañía de su propio fracaso. Sabido es el recelo secular de los socialistas hacia las empresas: en general no las quieren, o son muy selectivos respecto a aquéllas que estiman y ayudan. Todos recordamos algunos casos muy sonoros y poco ilustres en el pasado. Pero derivar toda la responsabilidad a la compañía que usa el aeropuerto es a todas luces excesivo. Si tiene pérdidas por deficiencia de instalaciones y de servicios, que se traducen en continuos desvíos de vuelos, algo tienen que ver los responsables del aeropuerto. Que Lagun Air quiera ganar dinero con su negocio no es censurable, es lo que quiere toda empresa. Además, crea riqueza y puestos de trabajo, ahora muy comprometidos. En fin, el año comienza mal para León. Zapatero, mientras tanto, no dice nada: quizá descansa.