Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

Creado:

Actualizado:

COMO el flautista de Hamelin, las redes mafiosas se llevan a los niños víctimas del maremoto de Indonesia. Se trata de una redada de huérfanos y los captores se disfrazan de benefactores. Su depravada estrategia es bastante simple: decenas de falsas ONG se ofrecen para cuidar a los de samparados pequeños y luego los ofrecen en adopción a cambio de dinero. De mucho dinero, ya que el precio de los niños ha subido últimamente. Decía Dostoiewsky que los niños curan el alma, pero episodios como éste la hacen enfermar de manera incurable. La peor catástrofe, mucho mayor en intensidad que el maremoto, es que haya gente así en el mundo. Sucede en todas las desgracias: siempre hay alguien que se aprovecha de ellas. Lo primero que hay que impedir cuando se produce un movimiento sísmico que derriba casas es el pillaje. Lo mismo que hay personas que se aprestan a salvar vidas, hay también otras que se precipitan sobre los escombros para registrar los bolsillos de los muertos, después de quitarles el reloj. Algunos de nosotros queremos creer que no se dan en la misma proporción, pero eso no significa que no advirtamos la presencia del mal y la necesidad de luchar contra él. Hace falta ser un poco memo para ponerse en el coche un letrero que diga eso de «To el mundo es bueno». Claro que también hace falta tener coche y llevar una vida satisfactoria. Los griegos decían que sólo existe una especie de virtud, pero que de maldad hay muchas. La que se está mostrando ahora, con la cacería de niños hambrientos, es especialmente nauseabunda. Mientras, la comunidad internacional promete 3.000 millones de dólares para el sudeste asiático y la ONU diseña el mayor plan de emergencia de la historia. ¿Cuántos maravillosos artilugios capaces de detectar maremotos se hubieran podido instalar con ese dinero? Está demostrado que la Madre Naturaleza se ensaña con los pobres. En las inundaciones las víctimas suelen pertenecer a los barrios periféricos. O sea, eran personas que ya estaban con el agua hasta el cuello.

tracking