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JULIA NAVARRO
León

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EL CONGRESO ha rendido homenaje a las víctimas del holocausto. Era de justicia que lo hiciera, que lo hiciera en nombre de todos los ciudadanos españoles a los que representa, como hay que reconocer el acierto del Gobierno español de haber decidido que el 27 de enero sea ya para siempre el día en que se conmemore el horror del Holocausto para que las generaciones futuras no olviden que un día el infierno se hizo presente en la tierra. Millones de personas convivieron indiferentes alrededor de los campos de exterminio. Es lo que se ha llamado la «banalización del mal». Esa indiferencia, ese acoger como parte de la cotidianidad que se estuviera asesinando a miles de personas por el solo hecho de ser judíos, de ser comunistas, de ser homosexuales. El antisemitismo es el demonio que sopló con fuerza sobre Europa y que hoy día parece volver a resurgir. Lo peor de la banalización del mal es que es una realidad también en la sociedad de nuestros días. Lo es cuando vemos a adolescentes apalear a otros adolescentes ante la indiferencia de otros adolescentes. La banalización del mal se hizo presente hace unos meses cuando un niño se suicido fruto de los malos tratos y acoso sufrido por sus compañeros ante la indiferencia del resto del instituto y de sus propios profesores. Nadie socorrió a aquel adolescente, todos aceptaron que fuera maltratado y no movieron un dedo, es decir, vivían con indiferencia ese derroche de horror de unos adolescentes sobre otro. La banalización del mal empieza por lo poco y termina en lo mucho, de manera que ese derroche de violencia que vemos en televisión y que termina anestesiando las conciencias, no es un asunto baladí. No podemos olvidar el Holocausto, nunca, si es que queremos seguir sintiéndonos personas. El acto de homenaje a las víctimas en el Congreso tuvo toda la solemnidad debida, y reconozco la emoción al escuchar al embajador de Israel relatar como buena parte de sus familiares fueron asesinados en las cámaras de gas de Auschwitz, o cómo el propio Enrique Múgica, Defensor del Pueblo, relataba igualmente la perdida de familiares en ese mismo campo del horror. Pero quien puso los pelos de punta y sobrecogio a todos los presentes fue Enric Molins presidente de Amical de Mauthausen. Este republicano español contó los horrores sufridos por los españoles en los campos de concentración nazis. La única manera de evitar un genocidio, que se vuelvan acometer crímenes contra la Humanidad, es si somos capaces de luchar con fuerza contra la banalización del mal, que desgraciadamente se cuela por las rendijas de las conciencias hasta adormecerlas.

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