Diario de León
Publicado por
FEDERICO ABASCAL
León

Creado:

Actualizado:

NO HABÍA terminado en el 'Parlament' de Cataluña el duelo al que había retado Piqué a Maragall cuando el líder 'popular', de brillante esgrima dialéctica, lanzó ayer al ring la toalla, lo que en boxeo equivale a rendirse. Ganó así Maragall, cuya dialéctica a veces embrollada origina conflictos, por retirada de su adversario. Se había introducido Piqué en un conflicto ajeno, pues ni la ofensa del presidente de la Generalitat a CiU ni la respuesta de Artur Mas, representante de CiU, al presidente de la Generalitat rozaban el honor del PP. Nadie le había preguntado, por otra parte, que a santo de qué presentaba una moción de censura contra Maragall, icono del Gobierno tripartito, si los quince diputados populares no podían ganar ninguna votación. Ya se sabe que todas las mociones de censura, incluida la presentada por Piqué contra Maragall, se acaban votando. Pero si Piqué no pudo ganar ayer la votación, por razones entre aritméticas y metafísicas, tampoco la perdió, aunque empleara una forma estridente de no perder, pues minutos antes de la hora de votar, el Grupo Popular envío recado a la autoridad parlamentaria diciendo que retiraba la moción de censura. No era, sin embargo, una rendición sin condiciones, sino un gesto político de denuncia. Y por muy solapada que la denuncia fuese, quedó bien claro que el PP justificaba la retirada de su moción por un supuesto pacto de silencio sobre la corrupción que habrían sellado socialistas y convergentes. En plena escaramuza entre convergentes y socialistas, Piqué presentó su moción de censura para demostrar a la sociedad catalana que existía otra manera de hacer política, refiriéndose obviamente a la del PP. Lo más importante de la sesión no fue, sin embargo, la agudeza a veces cruel con que el líder popular fustigaba a Maragall sino las disculpas de éste por haber dicho, en el calor de un debate parlamentario, lo que nunca debió decir, o debió de haber denunciado hace tiempo, si hubiera podido demostrarlo. Y fueron importantes esas disculpas porque Artur Mas las consideró suficientes, aunque fueran vigorosas y destinadas a los ciudadanos de Cataluña y no a los anteriores gobernantes de CiU, por lo que retiró su querella contra Maragall. Iba a empezar el baile de la reconciliación entre los dos grandes partidos catalanes, sobre los que Piqué insistía en lanzar una sospecha de «omertá», es decir, de pacto mafioso de silencio sobre delitos de corrupción, compartidos o no. Y luego, ayer, la retirada de la moción y ahora no se sabe si valen las razones en que Piqué apoyaba su deseo de que Maragall hiciera mutis o si siguen valiendo, aunque sólo sea en el limbo parlamentario.

tracking