CON VIENTO FRESCO
11- M: ¿Qui prodest?
HA PASADO un año desde el terrible atentado de Madrid, que acabó con la vida de 192 personas y varios cientos de heridos. ¡Vaya un recuerdo emocionado para ellas! La comisión de investigación creada ad hoc está a punto de dar carpetazo al asunto sin aclararlo. Al contrario, no ha originado sino sospechas que han dividido aún más a la opinión pública española e incluso a las propias víctimas, enfrentadas en dos asociaciones. En la interpretación del atentado, sus autores y sus consecuencias, el país se ha dividido entre partidarios del PP y partidarios del PSOE, aunque no sean directamente esos partidos sino dos medios de comunicación los que llevan la voz cantante del asunto: el grupo Prisa y El Mundo; todos los demás van un poco a remolque de ellos, aunque alguno busca una cierta distancia de ambos, pues recuerdan las dos Españas. El grupo Prisa, desde El País y La Ser, acusa del atentado a la yihad islámica y lo interpreta como la respuesta de ésta a la activa intervención de España en la guerra de Irak. En ese sentido, el responsable último del atentado sería el PP, con su anterior presidente, José María Aznar, a la cabeza, por su alianza con la política belicista del presidente de los Estados Unidos. El Mundo, por su parte, afirma que el atentado fue obra de islamistas marroquíes, pero lo explica señalando que éstos no fueron sino los ejecutores materiales de una masacre cuyos autores intelectuales hay que buscar en otros sitios. Con indicios fiables aunque no con pruebas concluyentes, relaciona el atentado con ETA, con tramas policiales españolas de venta de explosivos y con los servicios secretos de algunos países, señalando directamente a Marruecos. Aunque no lo defendió así en los días posteriores al atentado, El Mundo, y con él otros muchos medios, hablan hoy de la rentabilidad electoral que del atentado obtuvo el PSOE. Es verdad que esto no lo relacionan directamente, sólo aseveran que Zapatero por medio de una campaña orquestada y dirigida por la SER se aprovechó del atentado, al acusar al PP de su manipulación. Hoy no cabe la menor duda para casi nadie de que este partido no supo manejar la crisis, pero ni Aznar ni Acebes engañaron a la opinión pública. Todos los primeros datos confirmaban la autoría de ETA y no de grupos islámicos, de al Quaeda o la Yihad. Lo cierto es que el gran beneficiado de los atentados ha sido el PSOE, que ganó unas elecciones que tenía perdidas. Otro gran beneficiado ha sido la Francia de Chirac. El atentado dio un vuelco total a la política exterior española y, como en otros tiempos, España ha vuelto al vasallaje de aquel país. Durante muchos años Francia ha tutelado la transición española, ha hecho lo que ha querido con la ETA, ha temporizado sus atentados y treguas, la ha utilizado contra nosotros y la ha combatido cuando hemos aceptado su chantaje o sus negocios. La tesis doctoral de Sagrario Morán ETA entre España y Francia es bien elocuente. Con Aznar esa política de sumisión se quebró. España en pocos años se acercó económicamente a Francia al tiempo que políticamente se alejó de ella. Aznar nos colocó al lado de Estados Unidos, algo verdaderamente inaceptable para los franceses. El atentado quebró esta evolución. Tras él Zapatero incluso acude al parlamento del país vecino a rendir pleitesía, como hacían en la antigüedad los pueblos sometidos a Roma, hablando sus jefes vencidos ante un Senado complacido. El otro gran beneficiado ha sido Marruecos. El atentado se vio en ese país como una venganza por el agravio inflingido por Aznar en la isla Perejil, y la victoria de Zapatero como un triunfo de la política marroquí. Que todos o casi todos los autores materiales del atentado fueran marroquíes, ha llevado a pensar en una implicación de los servicios secretos de ese país. Esto es algo todavía no esclarecido. ¡Tal vez nunca lo esté! Lo que la comisión de investigación no aclaró, ni siquiera se lo planteó, es la vieja pregunta de toda investigación: qui prodest? ¿a quién beneficia?. Sin su respuesta, todo lo demás no son sino mixtificaciones y veladuras.