EL PAISANAJE
El cuento de la lechera
TRAS LA visita a León del presidente de Telefónica, César Alierta, mi tío Pascual, que preside la mayor lechería del pueblo -como ya sólo queda él, tiene el monopolio- convocó a la junta de accionistas, o sea a las matildes , la mujer y la hija, y dió cuenta del último balance de resultados: «tenemos veinte vacas, un capital inmovilizado y estabulado de 9.000 euros a razón de 75.000 pesetas por cada vaca y el negocio no marcha, así que trancamos, como en Antibióticos». Es obvio que Pascual no puede competir con Alierta en una economía de escala. Al presidente de Telefónica le bastan seis millones de euros para crear en León 650 empleos, según prometió el otro día, a razón de de millón y medio de pesetas por puesto de trabajo, que es justo lo que valen las veinte vacas que a duras penas le dan de comer a mi tío, y eso si ninguna le sale loca. Las cuentas no cuadran, pero, como Alierta vino con Zapatero, a lo mejor es un nuevo sistema de ordeño y mando. Echando en casa las cuentas de la vieja salían las siguientes: según el telefónico, es posible pagar a un trabajador dos kilos al año, previa inversión de kilo y medio , pero, según Pascual, si la vaca come cien y la leche está a setenta la rentabilidad es exactamente «ni mú». Dicen, sin embargo, los que de ello entienden que lo de Alierta es viable: la inversión básica son cuatro paredes y el techo, la mesa, un taburete y el telefonico. La red, o sea el cable, ya esta puesta y da lo mismo atender a la clientela desde Marruecos o Argentina, como ahora, que desde Trobajo. Las promesas del Gobierno son la órdiga: dan más leche virtual y, encima, salen infinitamente más limpias que las vacas.