LA VELETA
¿Y ahora qué?
HABÍA AYER preocupación en el Congreso por el áspero divorcio entre el Gobierno y el PP. Mariano Rajoy culpaba al presidente del Ejecutivo de haber roto con sus decisiones el pacto antiterrorista, y Rodríguez Zapatero, liberando posiblemente el dolor que le habrían causado ciertas imputaciones de Rajoy, anunció enfáticamente que el PP y el PSOE, «a tenor de lo que hemos visto ayer», sólo comparten en estos momentos «el mucho dolor que hemos sufrido unos y otros como consecuencia del terrorismo». Y remachando la frase, apostilló: «Y a partir de ahí es evidente que ya no compartimos nada más». Hay varias cuestiones de mayor y menor trascendencia en el tablero político de España, y la abrupta ruptura entre los dos partidos mayoritarios, «las dos fuerzas con más responsabilidad del Estado español» según Paulino Rivero, portavoz de Coalición Canaria, fue referencia obligada en las intervenciones parlamentarias de ayer. Josu Erkoreka, diputado del PNV, no parecía sentir la menor inquietud por el mutuo enojo de los dos grandes partidos estatales, en los que no había advertido diferencias, pues lo bloqueado por el PP, bloqueado seguía por el PSOE, dicho lo cual apreció en Zapatero cierta sensibilidad política ante la situación de Euskadi, invitándole a un proceso de paz que pueda concluir con la actividad terrorista de ETA, y con la propia organización, sin poner precio a la paz, naturalmente, aunque el proceso se desarrollase «en clave de persuasión». Algunas palabras hacen daño, sobre todo por la imagen que sugieren, en este caso la de un demócrata con responsabilidad política intentando convencer a un asesino, en paro circunstancial, de que abandone la violencia y entregue las armas, para lo cual hay argumentos abundantes de índole moral, pero que, lamentablemente, hasta ahora no han persuadido a la organización terrorista. Fue ayer un día de resaca en el Congreso por la tensión soportada la víspera. Hasta en las filas del PP se percibió un apunte de alarma cuando se escenificaron las consecuencias de la ofensiva que había desencadenado Rajoy contra Zapatero. La frase de éste -«y a partir de ahí es evidente ya no compartimos nada más» (nada más que el dolor por sus propias víctimas)- descargaba en las espaldas del PP la responsabilidad de haber partido en dos pedazos la vida política. El apaciguador canario Paulino Rivero se preguntó «qué es lo que está fallando» para que PP y PSOE se hayan distanciado de tal manera. Fiel a su talante, Rodríguez Zapatero está dispuesto a perdonar, de acuerdo a la máxima cristiana de que lo que se invierte en perdón se gana, multiplicado, en felicidad.