Diario de León

TRIBUNA

A grandes males muchos pequeños remedios

Publicado por
ESTANISLAO DE LUIS CALABUIG
León

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EN ESTOS tiempos que corren, en el despunte de este nuevo siglo de la civilización occidental, donde el termino «globalización» aparece en casi todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde la moda hasta la gastronomía, desde el ocio hasta la cultura y desde la ciencia hasta la economía, también el medio ambiente se ve afectado de forma global, como consecuencia de las actuaciones del hombre sobre este planeta que lleva cobijando a nuestra especie desde hace cientos de miles de años. Haciendo revisión de la particular y original historia humana, queda de manifiesto que la preocupación por estos males es tan solo de hace unas décadas. Algún tiempo atrás, nada atisbaba que el propio desarrollo, considerado como un elemento esencial y prioritario de la evolución, pudiera convertirse en uno de los peligros más importantes para la propia especie, que tantos éxitos estaba alcanzando, por contra, en cultura, ciencia y tecnología. Bien es verdad que todo no puede achacarse al hombre como generador de cambios, ya que en los registros geológicos de la historia de la Tierra ha habido colapsos, espasmos y revoluciones, que cuentan de catástrofes aun más grandes que las que ahora se apuntan. Pero también es obligado señalar que ocurrieron en periodos de tiempo que hay que contarlos en cientos, miles o incluso millones de años, mientras que el cambio que ahora se detecta tiene su causa en hechos y actuaciones que han acontecido en el transcurso de tan sólo dos generaciones. Esa es la principal diferencia, asombrosamente notable por la velocidad con que está emergiendo, y por las dificultades que esa extraordinaria aceleración están suponiendo para el acoplamiento de la compleja trama de factores ambientales que rigen la situación de equilibrio del planeta. Pero quizá lo más importante es que, aunque ya dispongamos de información científica contrastada, desconocemos cuál será la tendencia mas probable y cuál la capacidad de respuesta de la naturaleza para asimilar esos cambios tan rápidos. Cuando hace treinta o cuarenta años empezó a desarrollarse la idea de que el hombre era capaz de dañar su entorno, el interés se centró en primer lugar en la destrucción ambiental a nivel local. A finales de los sesenta se tomó conciencia por primera vez de la amenaza a la que estaba sometido el medio ambiente a nivel regional, es decir, saltaron a la palestra la lluvia ácida y los daños derivados para el suelo, los lagos y los cursos de agua. Durante las siguientes décadas, la acidificación se convirtió en un problema global. Al mismo tiempo la evidencia de un posible deterioro de la capa de ozono a causa de los freones cayó como una bomba. Durante los últimos 30 años, los investigadores han conseguido demostrar que las actividades humanas pueden desembocar en una serie de cambios climáticos en todo el planeta con evidencias a lo largo del siglo que ahora empieza. Aún no se sabe cuánto tardarán en producirse efectos irreversibles, ni cuál será la gravedad del problema, pero sí está quedando claro que resulta difícil poner freno a esos cambios. Una vez que se produzca la alteración climática, la vuelta a la normalidad podría llevar siglos. Siempre ha existido un efecto invernadero que ha mantenido a la Tierra más caliente de lo que estaría si no existiera la atmósfera. Pero lo que hoy se conoce como efecto invernadero es, en realidad, un efecto invernadero intensificado antropogénicamente, como consecuencia de la liberación de miles de millones de toneladas de dióxido de carbono y otros gases, principalmente metano, óxido nitroso y clorofluorocarbonos, en virtud del cual se produce un mayor calentamiento de la superficie de la Tierra y de las capas inferiores de la atmósfera, provocando alteraciones del sistema geosfera-biosfera y, en particular, un aumento de la temperatura media mundial en la superficie. Todos estos cambios están afectando de manera muy sensible a los organismos vivos, alterando las poblaciones y, en consecuencia, la diversidad de los ecosistemas. Una reducción acelerada de la biodiversidad no es solamente indeseable desde el punto de vista intrínseco, sino que representa una importante amenaza para el propio bienestar material de los seres humanos, porque entraña una menor capacidad de los ecosistemas para proporcionar recursos y servicios esenciales. La pérdida de diversidad biológica se debe a políticas y sistemas económicos que no valoran debidamente el ambiente y sus recursos, a sistemas jurídicos e institucionales que promueven la explotación insostenible, y a la desigualdad en materia de propiedad y acceso a recursos naturales, incluidos los beneficios obtenidos de su utilización. Aunque algunas especies se encuentran en situación de amenaza directa, los mayores peligros provienen de los cambios en la utilización de la tierra y a los efectos de la contaminación, que se saldan con la destrucción, la modificación o la fragmentación de los hábitats. Puede que la selección natural vuelva a rellenar los vacíos de la diversidad generados por la extinción en masa debida a los efectos globales de la especie humana, pero para entonces, es posible que el Homo sapiens sea sólo un recuerdo geológico en el registro de la historia biológica del planeta Tierra. Tomar conciencia de todos los nuevos fenómenos que se están manifestando, no consiste en aceptarlos como un mal de dimensión planetaria, y menos aun como algo necesario que permita nuestro desarrollo, sino en comprenderlos y evitarlos. Y lo que es aun mucho más importante, ser conscientes de que las actuaciones particulares, de todos y cada uno de los pobladores del planeta, pueden ser transcendentales para resolver el problema, simplemente reorientando los comportamientos cotidianos más sencillos. Y para terminar un ejemplo. ¿Cuánto podría ahorrarse económica y ambientalmente si en vez de producir 1.100 gramos de basura diaria, pudiéramos dejarlo en un kilo?. 100 gramos por persona, que para una población de 100.000 habitantes supondrían 10 toneladas menos que no habría que trasladar al CTR ( 3.650 toneladas al año), con el consiguiente ahorro energético y su valor proporcional en contaminación, ni procesarlas para su reutilización. Y un 20 % de esa cantidad en residuos finales que no irían al depósito de rechazo, lo que ampliaría sensiblemente la vida media del centro de tratamiento. ¡Y eso sólo por generar diariamente 100 gramos menos de basura!. Muchas pequeñas cosas resuelven grandes problemas.

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