León

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DICE el presidente Zapatero que se alegra de que el PP haya descubierto, por fin, que la calle es de todos y todas. Vivimos en un país libre, que dice el tópico, y aquí cada quien se manifiesta por lo que le viene en gana, faltaría más. El PP le ha tomado gusto a los weekend on the street , una nueva manera de pasar un fin de semana de ensueño y aventura por las calles de Madrid o Salamanca, según tercie. Hoy toca enarbolar banderas y hacer ripios contra el matrimonio gay: «Las familias de verdad queremos libertad», gritarán. El PP y la jerarquía de la Iglesia -hay otra Iglesia, otros mundos- quieren apropiarse del matrimonio como una institución sacrosanta, en toda la extensión de la palabra. Todo lo demás, parece, es mentira. Va ser verdad eso de que la derecha se opone a los avances sociales para luego ser la primera en beneficiarse de ellos. Porque divorciados tienen a patadas en sus filas y fueron los primeros en salir a la calle contra la Ley del Divorcio en la época de UCD. Ha llovido desde entonces, pero parece que no tanto en los pagos del PP. Seguramente es la «pertinaz sequía» -binomio que el franquismo inventó para llamar terco al clima- lo que les impide condenar, aislar, apartar a gente como al eterno Fraga, que si en el franquismo dijo que la calle era suya -y era verdad, no se le podía llevar la contraria y además había censura- ahora obsequia a la opinión pública con exabruptos contra las mujeres porque tiene libertad de expresión -y también es verdad- aunque sea para vejar a las mujeres un día sí y otro también.

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