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FABIÁN ESTAPÉ
León

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RESULTA ENOJOSO, al par que extraordinariamente abusivo, que una vez alcanzada la situación de emérito se vea uno sometido a la obligación de enseñar. ¡Vaya reposo el del guerrero o al menos esto se nos tenía prometido al escuálido dos por ciento de catedráticos jubilados adornados de por vida con el emeritaje! Pues nada de esto. De pronto tropiezo en las páginas del Diario de León largos, extensos y confusos artículos ofrecidos por el señor Mario Amilivia, actualmente alcalde de la ciudad de León. Pero lo que preocupa a La Brújula es que, una vez más el desconocimiento no ya de la economía que es ciencia compleja sino del conocimiento familiar adquirido en la época actual con el mercadeo de los apuntes de clase de dudosa paternidad y que según se dice tocan para examen. ¿Y qué ha ocurrido aquí? Sencillamente que el señor Amilivia, lleno de estupor ante el rechazo a su generosa oferta de una medalla a cada uno de los concejales a partir de la democracia. Y la respuesta es fácil: el señor Amilivia ignora radicalmente la vigencia de la Ley de Gresham; conste que algo sospechaba el que subscribe. Tenga en cuenta que en el Palgrave -publicación indispensable para economistas y afines-, aunque esté publicada en inglés, nos dice que Thomas Gresham (1519-1579) fue uno de los principales asesores financieros de la Reina Elisabeth. Sin embargo, lo que le ha conferido fama imperecedera es la que conocemos como Ley de Gresham ¿Y qué nos dice semejante ley en una ciencia que admite muy pocas leyes de semejante empaque? Simplemente, que un mercado en el cual coexisten dos monedas, una buena y otra mala, la mala termina por expulsar a la buena. En ocasiones no muy distantes, en la época de doble circulación monetaria, oro y plata, el oro desaparece expulsado por la moneda de plata. Yo me pregunto: ¿y si entre las medallas ofrecidas las hay de tránsfugas? Y lo que le ha sucedido al señor alcalde de la ciudad de León, además de mostrar su absoluto desconocimiento del abc de la circulación monetaria, que la Ley de Gresham también actúa cuando en un mismo tablero, en este caso en el término municipal para ser más exactos, en el torrente de medallas, claramente desde el punto de vista psicológico y político, figuran algunas de valores distintos. Pero, sepan ustedes que en vez de deleitarnos con «un dolorido sentir» el señor alcalde debería repasar sus apuntes de Historia del Pensamiento Económico; por lo menos aumentará su comprensión sobre el respeto que merecen algunas leyes económicas: la de Gresham en este caso.

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