Diario de León
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FERNANDO DE ARVIZU
León

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NI UNA MENOS. Siete han sido las subidas de los carburantes en el mes de junio. Como para echarse a temblar. A finales de 1995, el barril de crudo estaba a 9 dólares: hoy está en torno a los 60: ha septuplicado su precio, sobre todo en lo que va de año. Se dijo que China estaba acaparando petróleo, pues cada vez necesita más combustible. Un dato: hace diez años, había dos millones de automóviles en China, hoy hay más de veinte millones. Es el primer país del mundo en todoterrenos, son todos o casi todos de gasolina, y esos vehículos gastan como esponjas. Pero la demanda china no basta para explicar la tremenda subida, máxime porque la Opep, cada poco, decide incrementar la producción. Con ello algunos se están forrando, ¡y de qué manera! Lo malo es que no se oye a los analistas económicos explicar por qué sube tanto el petróleo. Quizá están también desorientados. Puestos a especular, es cierto que el dólar, hace unos años costaba entre 160 y 180 de las antiguas pesetas. Hoy cuesta bastante menos, entre 130 y 135. Y como el petróleo se paga en dólares, el alza espectacular del crudo no sólo absorbería la depreciación del dólar frente al euro, sino que haría ganar montañas de dinero a las compañías que controlan el mercado y a los países productores. Mientras tanto, cada vez cuesta más llenar el depósito. Los transportes se encarecen, y el precio final del producto transportado, también. También se recaudan más impuestos, el IVA entre ellos. Pero al final, la inflación se dispara y ese añorado tope del 3% del alza del coste de la vida ya ha saltado hecho pedazos. Me temo que el gobierno querrá disfrazar las cosas presentando un índice de inflación defendible, metiendo productos variopintos en la cesta que sirve para confeccionarlo. Pero la cosa no cuela. Ni la cesta de la compra, ni la cerveza o el café del bar, ni la botella de agua han subido un 3%, sino bastante más. Así que el señor presidente del Gobierno tiene que dejar las algodonosas nubes rosas por las que hasta ahora ha transitado, poner los pies en la tierra y enfrentarse a los problemas que tienen los españoles de a pie, homo u heterosexuales, que todos comemos. Ya tocado fondo la legislación para la galería, creando polémicas y apartando a la gente de los verdaderos problemas, que son conservar su puesto de trabajo, llegar a fin de mes y sacar adelante a la familia. Desde luego, el trato que le han dado en la última cumbre de Luxemburgo no ha podido ser más hiriente. Le han ninguneado aquéllos en los que más confiaba: sus amigos de Francia y Alemania, que se han dedicado a lo suyo y no a lo nuestro, que no les preocupa ni poco ni mucho. A ver si se entera. Hasta los atentados, España era un país en pleno lanzamiento económico. Ahora no sabemos dónde estamos, pero sí que hemos retrocedido económicamente y frente al exterior. Las bodas gays no crean puestos de trabajo y eso, o lo aprende el presidente o la sociedad se lo va a hacer comprender pero por las bravas. En gestión económica no es que hagan poco, es que no hacen nada, salvo poner cara de póker. Se están dejando meter demasiados goles y sólo nos predican resignación. Zapatero, en el orgullo gay, y Solbes en ignorado paradero.

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