Diario de León
Publicado por
MANUEL FÉLIX
León

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SE ACABÓ lo bueno para mí. Se acabaron los días con los richis al sol. Con el síndrome del fin de las vacaciones vuelvo a Ponferrada y cuando enfilo la bajada del Montearenas una bofetada negra me azota la vista. El Pajariel quemadito como San Lorenzo. Por un momento pensé que la montaña de carbón que se comió el ex alcalde Ismael Álvarez se había transmutado de lugar. Pero no. No era carbón. Era fruto de la inconsciencia, la ignorancia y la estupidez del algún desgraciado que quema el monte. Están dejando al Bierzo como una vaca holandesa, con la diferencia que los agujeros negros no dan leche, sino miseria. Y así, con esa primera impresión del que regresa al trabajo y a su tierra, me encuentro que en la última semana de julio, en pleno verano, la actividad política parece en el Bierzo furibunda, extremadamente activa. Lo nunca visto. En menos de tres días, un presidente de la Junta, un consejero de Presidencia y Administración Territorial, y para compensar, el jefe de los socialistas de Castilla y León. Todos por aquí. Es curioso comprobar qué poco han cambiado las cosas desde aquellos primeros días de julio cuando me fui eufórico para disfrutar de las vacaciones. Aprecio, a simple vista, movimientos de los alfiles, caballos, castillos y peones del tablero ajedrecístico de la política comarcal. Es curioso ver quién acude cuando en un día festivo viene Juan Vicente Herrera al alto de la Cruz de Ferro. O cuando el consejero Mañueco, perdido con el GPS de su coche oficial, llega a la zona pizarrera de Puente de Domingo Flórez para recibir una medalla. Allí había alcaldes del PP, pero créanme cuando les digo que vi con mis ojos aplaudir al alcalde de Corullón, al de Camponaraya y al de Cubillos los elogios hechos al consejero. Todos del PSOE y en primera fila de butacas en el salón de actos de Puente. Impresionante. No he visto a los del PP aplaudiendo en un acto capitalizado por el PSOE. ¡Sí señor!, esa es la línea a seguir. Y en este verano que aún me queda por delante aludo a los días de «sol negro» porque el reguero de vidas que se lleva la carretera parece imparable. La semana que expiró sacudía a Ponferrada al conocer que se llevó a dos hermanos que sufrieron la fatalidad de un accidente de tráfico en la A-6. Eran vecinos de oficina en el edificio Minero y al conocer su pérdida a uno le recorre un sudor frío por el cuerpo. Entonces, te viene a la mente la eterna pregunta de la vida y la existencialidad. Te cuesta creer que no volverás a verlos por el pasillo o en la cafetería y cruzar algún saludo. Pero la vida sigue, y en este Bierzo, la fiesta es a partir de ahora el sello que impera. Arrancan las grandes cachapadas. Ayer, sin ir más lejos, una paella descomunal en Torenillo. Y a esta le seguirán otras. Comienza a agrandarse más el parón vacacional y es difícil sobrevivir en un agosto en el que hay que trabajar. Todo se pospone para septiembre y en Ponferrada eso significa que es para después de las fiestas de La Encina. Y así, entre unas y otras vamos avanzando. Al Bierzo se le presentan importantes retos para después de las vacaciones. Infraestructuras, industria, justicia, sanidad (...) ¿Traerán sol blanco los políticos?

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